Pablo Martínez, periodista e historiador
El parón de la actividad política efectiva hasta la constitución del nuevo gobierno salido de la elecciones, cuya toma de posesión no se espera antes del 20 de diciembre, más el nuevo paréntesis derivado de las fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes, nos lleva hasta el 9 de enero de 2012, fecha en la que empezaremos a conocer decisiones del nuevo ejecutivo, y lo normal es que se produzcan alumbradas a cuentagotas. Es un escenario de más de tres meses en los que habrá que seguir, incluso en un sector con una situación tan delicada como el farmacéutico, en lo que coloquialmente se denomina “a verlas venir”.
El día a día, con presupuestos agotados, problemas de liquidez en todas las administraciones y un imperativo categórico de no endeudarse, será presumiblemente muy complicado. Tanto que posiblemente las ramas no dejarán ver el bosque. Es decir, será muy problemático atisbar en que quedará el SNS y la prestación farmacéutica tras el baño de realismo sobre lo que se puede financiar y lo que no, que tendrá que asumir el nuevo gobierno. Lo que sucede con las prestaciones sanitarias en Cataluña podría considerarse como un campo de pruebas de lo que pudiera ocurrir en el resto de España.
No obstante, y confiemos en que no sea así, puede darse otro tipo de situación. Me refiero a que esas ramas que no nos dejen ver el bosque tomen vida propia y nos ataquen. No es una situación nueva, William Shakespeare ya se la imaginó cuando hizo creer a su personaje Macbeth que el Bosque de Birman se ponía en movimiento, cuando en realidad eran los soldados camuflados con ramas. Las ramas que ahora nos ocultan la panorámica pero que pueden volverse contra nosotros nos rodean por todas partes. La velocidad a la que se devoran las soluciones coyunturales que adoptan para calmar a los llamados mercados, no es el mejor indicador para quienes deben permanecer tres meses con pocas variaciones. La quiebra de Grecia, un mal paso de Nicolas Sarkozy o Angela Merkel, cualquier viento inadecuado puede poner al bosque en movimiento. ¡Horror habrá que improvisar!






































