Una de las cuestiones más relevantes que ha conseguido la Alianza General de Pacientes (AGP) en su corta vida ha sido hacer de aglutinador de todas las entidades del movimiento asociativo de pacientes que cumplen con unos criterios de integridad ética y profesional. Con ello, las administraciones han ido abandonando la visión que tenían sobre estas entidades. Hasta la fundación de la AGP era habitual que la sensación que se tenía sobre las asociaciones de pacientes fuera solamente su papel reivindicativo. Pero la realidad, hoy en día, es que muchas de las asociaciones tienen una visión estratégica sobre la sanidad mucho más amplia que su problemática individual y, por tanto, sus aportaciones en la mejora del sistema son imprescindibles.
Hoy en día, gracias al excelente papel que está desarrollando el presidente de la AGP, Alejandro Toledo, junto con toda su junta directiva, las asociaciones de pacientes y, en concreto sus representantes son participantes habituales en numerosas jornadas y eventos, pero también en los centros de decisión. Como en el Congreso de los Diputados, donde Toledo participó en la subcomisión de Sanidad para el análisis de los problemas estructurales del sistema sanitario y de las principales reformas que deberán acometerse para garantizar su sostenibilidad. Igualmente el presidente de esta entidad es vocal en el Consejo Asesor de la ministra, Ana Mato.
La misión de la AGP consiste en establecer las vías de diálogo necesarias para convertir las organizaciones de pacientes en un apoyo a las administraciones y profesionales sanitarios para construir, sostener y mejorar la asistencia a los pacientes. Y parece que la acción va en la buena línea para conseguir llegar a la meta.
Una vez que el Ministerio de Sanidad ha visto que el movimiento asociativo ha alcanzado la madurez, pretende regular el papel de las asociaciones de pacientes en sus relaciones con la administración al dotarles del carácter de agente social. Este reconocimiento, lejos de ser una medalla sin ningún valor, supondría que por fin se empezaría a poner al paciente en el centro del sistema. O al menos, mucho más cerca de él que en la actualidad.






































