El riesgo de deslocalización, pérdida de empleo y cierre de empresas

debe ser tenido en cuenta a la hora de tomar medidas de control del gasto

| 2010-11-19T17:15:00+01:00 h |

Jugar con fuego. Eso es lo que están haciendo muchos de los gobiernos de Europa y, por supuesto, también España. En nuestro país, tanto la Administración central del Estado como las autonomías con las medidas que han puesto en marcha en los últimos meses o algo más de un año. Unas medidas dirigidas únicamente a bajar el gasto en farmacia y hacerlo, por decreto.

Reducciones de precios, exclusiones de la disponibilidad de medicamentos y restricciones a la prescripción de los medicamentos más caros son las únicas, o al menos más relevantes, medidas que se han visto. Todas ellas, de carácter coyuntural y extremadamente injustas, que además, han sido puestas en marcha sin el necesario diálogo con el sector. De este modo, no extraña que en los últimos meses, e incluso esta misma semana, hayan sido varias las compañías que han anunciado importantes recortes de personal, tanto a nivel internacional como nacional.

Entre esas medidas no hay, desde nuestro punto de vista, ninguna que sea claramente estructural, que busque decididamente la sostenibilidad del sistema y que concilie adecuadamente las necesidades del sistema con las de los agentes del sector. Y no las hay porque los gobernantes, más allá de decirle al ciudadano el coste de sus servicios sanitarios, en muchas ocasiones con intenciones de rentabilidad política, no se ocupa de educar en el uso adecuado de los recursos.

De seguir por esta senda, las repercusiones podrían ser devastadoras para la implantación de la industria farmacéutica en nuestro país. Hay que buscar verdaderos parternariados y cauces de colaboración entre las administraciones y los proveedores para evitar la deslocalización de las multinacionales o el cierre de las compañías nacionales, distribuidores farmacéuticos y hasta oficinas de farmacia.

No cabe duda de la necesidad de hacer sostenible el sistema, sin esta premisa además de los ciudadanos, el sector también perdería. Por ese motivo, y dada la delicada situación financiera que atravesamos, es más necesario que nunca avanzar por la senda del diálogo y la coordinación de todos a la búsqueda de soluciones que, aunque sean duras, no lleguen a ser dramáticas. Si no lo hacemos, en poco tiempo, lo lamentaremos.