La consumación del Real Decreto-ley 16/2012 ha puesto de manifiesto que el sector farmacéutico está condenado a una incertidumbre y una imprevisibilidad que no tiene límites. Lamentablemente. Durante los últimos dos años hemos salido a un real decreto-ley que afectaba a este sector cada seis meses. Y en ese mismo tiempo hemos visto cómo las medidas que se tomaban, además de incidir en algunos aspectos económicos diferentes, corregían cuestiones reguladas por el decretazo anterior.
Este es el caso, por ejemplo, del Sistema de Precios de Referencia (SPR), que ha tenido modificaciones de envergadura en cada uno de los cuatro RDL de control del gasto farmacéutico. De este modo, desde marzo de 2010 hemos tenido cinco SPR diferentes. Otro ejemplo lo podemos ver con la prescripción por principio activo, que tan pronto se establece como obligatoria como se cambia el escenario de juego y se permite, con una redacción legal clara, la prescripción por marca. Una decisión que deja fuera de juego a las compañías que habían iniciado una adaptación al nuevo entorno.
Ante esta incertidumbre regulatoria y falta de estabilidad no hay compañía, distribuidora u oficina de farmacia que pueda hacer un plan mínimamente realista. De este modo, no es de extrañar que algunas compañías estén planteándose desinvertir en nuestro país. Pero los problemas no vienen solo de la incertidumbre y la inseguridad. El sector farmacéutico tiene que dejar de ser ya el foco de las búsquedas de los ahorros en el gasto público. Con los tres primeros RDL, y hasta febrero pasado, se había ahorrado más de 3.000 millones. Y ahora se plantea un ahorro adicional de más de 3.500 millones de euros.
Sumando todos los efectos, el mercado de oficina de farmacia podría quedar en un 50 por ciento de lo que era hace tan solo tres años. A ello hay que añadir los impagos tanto en oficina de farmacia como en el ámbito hospitalario y tendremos, probablemente, la peor combinación posible para la atracción de inversores. Y es que parece claro que un país cuyas reglas legales se cambian cada dos por tres, yendo incluso en sentidos contrarios y que, además, no paga sus deudas a los proveedores o lo hace muy tarde, no parece el mejor escenario para asegurar un mercado farmacéutico estable y con inversiones.






































