| viernes, 30 de noviembre de 2012 h |

Una vez más un representante del Ministerio de Sanidad ha vinculado la aprobación y uso de innovaciones terapéuticas a la recuperación del crecimiento de la economía del país, es decir, del producto interior bruto (PIB). En esta ocasión ha sido Carlos Lens, subdirector general de Calidad de los Medicamentos del Ministerio de Sanidad, quien ha reiterado que sin crecimiento económico “difícilmente se podrán financiar las innovaciones en Sanidad”.

Resulta obvio que si la economía no crece y las administraciones públicas tienen cada vez una menor capacidad de gasto, la disponibilidad de fondos para la financiación de todos los costes que requiere el sistema será cada vez menor. Pero eso no quiere decir necesariamente que haya que recortar precisamente en las innovaciones y trabar el acceso a nuevas técnicas, procedimientos y tecnologías que, dada su innovación resulten relevantes tanto desde el punto de vista sanitario como farmacoeconómico.

Como dijo José Martínez Olmos, portavoz de Sanidad del PSOE en el Congreso de los Diputados en una entrevista publicada por EG en el número anterior (ver EG núm. 588), “el sistema solo será sostenible si la innovación que genera ventajas terapéuticas entra en Sanidad”. Además, parece claro que no podemos pretender un sistema sostenible a toda costa, es decir, ofreciendo servicios y técnicas obsoletas. Sería tan fácil como necio y nefasto para la salud de la población.

Por ello, la incorporación de innovaciones terapéuticas relevantes debe ser independiente de la economía, al menos mucho más que la eliminación de terapias ineficientes. Lógicamente sí que habrá que establecer protocolos de utilización que eviten el uso inadecuado de las mismas, pero sería imprudente limitar el acceso, por motivos económicos. Pero, entonces, ¿de dónde sale el dinero para financiar la utilización de esas innovaciones? Entendemos que los fondos necesarios deben proceder de la priorización del uso de tecnologías y de la revisión de la cartera de servicios para eliminar las técnicas y terapias menos eficientes.

Por ello, creemos que la aprobación no indiscriminada de tecnologías puede ser necesaria e interesante siempre que se realice con criterios de eficiencia. Pero si se utiliza solo para generar trabas, será un error.