| viernes, 19 de abril de 2013 h |

En los últimos meses se está hablando mucho de los equivalentes terapéuticos. Es la manera de justificar la utilización de un medicamento más barato para sustituir a otro con la única justificación de que sirven para lo mismo. Es decir, tienen comparten la misma indicación. Pero a partir de ahí poco más.

Algunas comunidades autónomas están agrupando como equivalentes a medicamentos que no solo son de distintos grupos terapéuticos sino que incluso tienen diferente vía de administración y, por supuesto muy distintos perfiles de seguridad y eficacia. Serían, por tanto, medicamentos equivalentes en indicaciones (y no todas) pero nunca equivalentes terapéuticos, puesto que hay muchos ámbitos en la terapéutica en los que nos serían equivalentes.

A día de hoy las comunidades autónomas están utilizando esta figura del equivalente terapéutico para justificar que da igual utilizar uno u otro, lo cual es falso. Es como si hablando de medios de transporte solo nos fijáramos en que todos sirven para lo mismo: llevar personas y mercancías de un lado para otro. Pero a nadie se le ocurre comparar un coche con un avión. Por múltiples razones alguien tendrá que utilizar un coche para recorrer 600 kilómetros. Puede haber personas que prefieran ir tranquilamente viendo el paisaje, ahorrarse algún dinero o que simplemente no soporten montar en avión. Otros, valorarán la rapidez y seguridad. Pero es engañoso decir que son equivalentes, aunque con los dos se logre el mismo objetivo. Si un coche y un avión no son medios de transporte equivalentes, ¿por qué se intenta que medicamentos muy distintos lo sean?

La variedad de medicamentos para una indicación facilita encontrar el que mejor se adapte a las necesidades de cada paciente. Si la administración empieza a considerar a todos los medicamentos que sirvan para las mismas indicaciones como exactamente iguales, la industria no tendrá ningún incentivo para investigar mejoras a los tratamientos existentes. Entonces, la personalización de los tratamientos y la búsqueda del mejor fármaco para cada paciente será una quimera.

Por todo ello, el Ministerio de Sanidad tendría entrar en este asunto asegurándose que solo de declaren equivalentes aquellos medicamentos que, científicamente, lo sean.