| viernes, 18 de noviembre de 2011 h |

Tal y como está la situación económica, con la prima de riesgo española montada en una montaña rusa que cada vez se eleva más y más, con los mercados comprando deuda de nuestro país a un interés nunca visto, y con la espada de Damocles continuamente sobre nuestra cabeza, ni siquiera los dioses del oráculo de Delfos podría acertar con lo que a partir de ahora, con un nuevo Gobierno, puede depararnos el futuro. O sí, porque si las cosas siguen por el mismo camino por el que deambulamos desde hace un tiempo el futuro sí que estaría claro. Por ese motivo, y para tratar de evitar lo que puede parecer inevitable, se hace necesario ponerse manos a la obra desde ya y tomar una serie de decisiones para que podamos afrontar con mayores garantías un futuro que no tiene, por lo que ya hemos visto, garantías inmediatas de mejora.

Sin embargo, se debe exigir al nuevo Gobierno, como se le exigía al Ejecutivo anterior desde estas mismas páginas, que aborde de forma inmediata un aspecto que consideramos fundamental: garantizar la viabilidad del Sistema Nacional de Salud. Una viabilidad que, lógicamente, debe implicar el garantizar la viabilidad de todos los agentes de la cadena del medicamento que operan en él. Y es que, no se puede permitir que los impagos por parte de las distintas administraciones sanitarias ahoguen a oficinas de farmacia, compañías de distribución y laboratorios farmacéuticos. Ese no es el camino, y el nuevo Gobierno deberá poner todas las cartas sobre la mesa para tratar de buscar una solución a esta complicada situación impropia de un país que quiere mantener el Estado del Bienestar que ahora tenemos.

Para buscar soluciones se debe de llegar a un Pacto de Estado por la Sanidad. Sí, esa especie de figura mítica de la que todo el mundo habla pero a la que, a la hora de la verdad, nadie ve por ninguna parte. Un pacto en el que los agentes implicados en la Sanidad tengan un papel relevante, en el que se llegue a consensos y en el que se establezcan y recompongan los pilares básicos sobre los que se sostiene nuestro Sistema Nacional de Salud. De lo contrario, el nuevo Gobierno incurrirá en un grave error. Y no es que hayamos acudido al oráculo de Delfos sino nos lo revela la experiencia de los últimos años.