Hoy, escuchar el repicar de las campanas de las iglesias es algo testimonial. Folclórico, incluso. Pero hubo un tiempo en el que era un importante medio de comunicación, bien fuera para llamar a misa, informar de alguna muerte o celebrar algún festejo. Quedémonos con este último ejemplo, porque hoy en día hay que ser muy cauto a la hora de lanzar las campanas al vuelo. En unos momentos en los que la economía lo decide todo, una evaluación precipitada puede tener consecuencias funestas.
A día de hoy, el gasto farmacéutico de julio no indica nada. Mal harían los detractores del copago por renta en intentar demostrar, sólo en base a estos datos, que ha dejado de tener efecto. Ojo, no decimos que no tengan razón. Es que afirmarlo a día de hoy es prematuro y peligroso.
Es prematuro porque los meses de julio de 2012 y 2013 (como también los serán agosto y septiembre) han presentado desviaciones claras de la factura por el efecto acopio de medicamentos previo a la entrada en vigor del copago y la desfinanciación. Pero es peligroso también, porque lanzar las campanas al vuelo sobre la ineficacia e ineficiencia del copago podría llevar a alguna administración a tomar decisiones incorrectas precisamente por las desviaciones detectadas.
Ni qué decir tiene que la estrategia de comunicación por la que ha optado el Ministerio no ha sido de ayuda. Intentando tal vez minimizar su impacto, apuró el lanzamiento de los datos hasta la tarde del viernes, pasado el Consejo de Ministros y con las ediciones de los periódicos especializados cerradas. Por si fuera poco, en lugar de establecer la comparación habitual con “el mismo mes del año anterior” y justificar el incremento del gasto en unos meses atípicos, la nota estrenaba una nueva modalidad: la comparativa con ‘el mismo mes de dos años antes’.
Si el sentido común no se impone, el lanzamiento de campanas al vuelo con el gasto farmacéutico puede acabar convertido en el Brutathlón, lanzamiento de bombonas de butano que se ha puesto de moda en un pueblo de Madrid y que ha puesto en el cielo el grito de los más sensatos: si no han sido inertizadas, las bombonas son simplemente bombas.






































