Desde hace algún tiempo, resulta ser noticia que una regulación del ámbito de la prestación farmacéutica sea beneficiosa para el sector. Y es noticia por el escaso número de ocasiones en las que eso se produce. Pero como la política farmacéutica no se ha convertido de un día para otro en un cuento de hadas, la buena noticia ha venido acompañada de otra que, si bien no enturbia totalmente los beneficios sí que supondrá un grave problema para el sector.
En primer lugar, las buenas noticias se han materializado en forma de umbral mínimo para los precios de referencia. Algo por lo que merece la pena felicitar al Ministerio de Sanidad por la comprensión que ha tenido con el sector respecto a este apartado, según se ha recogido en el proyecto de Real Decreto de Precios de Referencia que Sanidad ha publicado para sus alegaciones por el sector. Pero tampoco hay que lanzar las campanas al vuelo. Ese umbral, superior incluso al establecido hasta el momento no será capaz de parar las bajadas de precios hasta valores mínimos que se producen cada día en el mercado de los genéricos. Lo que sí se impedirá es el cálculo artificial de precios que no están comercializados. Otro gallo habría cantado si el umbral se hubiera puesto a los precios menores y más bajos.
Pero lo que no tiene ningún sentido es que el nuevo Sistema de Precios de Referencia (SPR) no permita la más mínima convivencia de precios más allá de la primera orden posterior a la entrada en vigor del real decreto. La convivencia de precios, permite que se vaya dando salida de forma natural y gradual a los productos de precio antiguo (alto) para que poco a poco el stock de distribución, farmacia, aunque también de industria, se ajuste a los nuevos precios, más bajos.
Si no existiera ese umbral, en las fechas próximas a la aprobación de cada orden de precios de referencia, el sector reduciría sus existencias en almacenes y estanterías para minimizar los riesgos de devaluación de stock, con lo que serían mucho más probables las faltas por la distribución o el desabastecimiento en farmacia.
El ahorro que se puede obtener por acelerar un mes la entrada en vigor de la orden no compensa los riesgos. Por ello, animamos al Ministerio de Sanidad a reconsiderar esa situación y dar un respiro al sector. Lo merece.






































