| viernes, 23 de octubre de 2015 h |

Había una vez dos hermanos. Un día, el mayor animó al otro a compartir sus bienes “de una forma justa”, como buenos hermanos. A lo que el pequeño contestó: “Preferiría que lo hiciésemos a partes iguales”. La parábola no aclara si finalmente ocurrió así o no. La experiencia nos tiene acostumbrados a una respuesta positiva en la teoría, pero negativa en la práctica, sobre todo cuando pintan bastos y parece necesario buscar culpables y soluciones rápidas y fáciles.

Desde sus inicios estaba claro que el debate sobre la financiación y el acceso a las innovaciones corría el peligro de convertirse en una mala película, llena de personajes maniqueos. Con el paso del tiempo ha quedado claro el papel que algunos ya han dado a la industria farmacética, un sector que está siendo penalizado en su conjunto de manera injusta por comportamientos individuales.

Está claro que el modelo de innovación farmacéutica no es perfecto. Como todo, es mejorable. Por eso conviene no perder la “perspectiva” a la que recientemente hacía referencia Javier Urzay, subdirector general de Farmaindustria. Está claro que el futuro en todos los ámbitos pasa por aumentar la transparencia y el farmacéutico no será una excepción. Tambien está claro que hay lagunas terapéuticas en las que hay que fomentar la I+D, quizá mediante fórmulas alternativas de inversión, patente y precio.

También está claro que los problemas no son las patentes, sino el abuso de las mismas. La propia industria farmacéutica afirma con rotundidad que es necesario evitar abusos de posición dominante. Al igual, es necesario recompensar el valor añadido que otorgan fármacos que suponen avances importantes. Sin duda es peliagudo el modelo que sugiere Fernando Lamata, y que llama a ‘condenar al exilio’ a la recompensa por el valor.

El modelo de innovación farmacéutica es mejorable, como todo. Y el acceso y la financiación de las innovaciones es un reto que hay que afrontar urgentemente, pero sin sumar nuevas víctimas. La industria no es el enemigo; es un actor más —necesario no solo para el sistema, sino también para la economía nacional—. Contar con un sector farmacéutico potente es algo indispensable, como también reconoce Lamata. La única solución es compartir con la industria y compartir con ella partes iguales. Como buenos hermanos.