Dice José Ignacio Echániz que Rosa López-Torres es “casi” su pareja de hecho. La broma no es para menos. Poco se sabe del periplo que ambos compartieron tras la llegada de él a la Consejería de Sanidad. Nada más llegar a su despacho, el 27 de junio de 2011, Echániz quiso conocer el estado financiero del Departamento. Antes de recibir los documentos recibió una llamada de la presidenta de los farmacéuticos de Castilla-La Mancha, que tras felicitarle le informó de que los farmacéuticos llevaban dos meses sin cobrar. Echániz canceló su primer pedido y solicitó información sobre el capítulo de farmacia. A finales de junio ya estaba ejecutado al cien por cien.
Este fue el inicio, según ambos, de una “cruzada” conjunta para buscar soluciones. Muchas puertas se les cerraron, pero no todas. Reconocen el entendimiento que hubo cuando acudieron, no solo al Ministerio de Sanidad, sino también al de Hacienda. Según Echániz, Rosa López-Torres fue una “pionera” que tiene mucha culpa de que Cristóbal Montoro se sensibilizara con los proveedores y pusiera en marcha los planes de pago a cargo de los créditos ICO.
Quien piense que las aguas del sector sanitario volverán a su cauce una vez que la recesión económica haya sido dejada definitivamente atrás está muy equivocado. El sector sanitario nunca volverá a ser lo que fue, ni debería si de lo que se habla es de gestión. Para el consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha, José Ignacio Echániz, la crisis no solo ha sido “un toque de atención” que ha agudizado y permitido tomar conciencia de los problemas estructurales que arrastraba la sanidad española. Además, ha marcado el camino a seguir para no repetir errores anteriores. Cualquier retroceso en la forma de gestionar el sistema tendrá, a su juicio, consecuencias catastróficas.
“Si no somos extremadamente cuidadosos con la gestión de la sanidad en los próximos años volveremos a las andadas”, señaló Echániz durante el encuentro Balance a mitad de legislatura en las comunidades autónomas: Castilla-La Mancha, celebrado en la sede de Contenidos con la presencia de Juan Ignacio Güenechea, vicepresidente de Cofares; Rosa López-Torres, presidenta del Consejo regional de Colegios de Farmacéuticos; Carlos Macaya, presidente electo de Facme, y Luis Amaro, tesorero del CGCOF. El consejero hacía referencia así a uno de los aspectos que han lastrado desde la transferencia de las competencias la financiación sanitaria: gastar de manera sistemática por encima de lo presupuestado.
Según Echániz, “en Sanidad no se puede volver a gastar lo que no se tiene, porque sería la quiebra”. Precisamente esta idea sostiene la reforma constitucional puesta en marcha para que España alcance el equilibrio presupuestario en el año 2017 ó 2018. El daño, sin embargo, ya está hecho. “La deuda generada hasta ahora habrá que pagarla en los próximos años, eso ha sido inevitable”, indicó el consejero. Hoy, Castilla-La Mancha paga tres millones de euros diarios en concepto de intereses, lo que supone 1.500 millones anuales.
A mitad de legislatura, este es el balance que Echániz lanza sobre cómo era la región antes de la llegada del PP a Castilla-La Mancha. A su juicio, “era una administración profundamente no pagadora” que, durante más de cinco años, llevó a cabo “una dinámica de gasto profundamente perversa”, con unos gastos sanitarios que superaban hasta en un 20 por ciento lo que se presupuestaba.
Como consecuencia de la existencia de 600.000 facturas sin soporte presupuestario, una de las primeras decisiones del ejecutivo que preside de María Dolores de Cospedal fue aprobar un presupuesto extraordinario por valor de 1.500 millones de euros, y ello sin disponer de ingresos. Pero esa cantidad era solo una pequeña parte de toda la deuda acumulada que existía en la Sanidad castellano-manchega en 2011, que, según Echániz, era de aproximadamente 5.000 millones de euros.
El resultado de la dinámica de no ajustarse al presupuesto se ha venido poniendo de manifiesto por parte de políticos de distinto signo y expertos del sector: Echániz también lo reconoce: la labor de reingeniería planteada con los planes de pagos a proveedores y los Fondos de Liquidez Autonómica (FLA) no han terminado con los compromisos de pagos de las comunidades autónomas; simplemente han reconvertido la deuda comercial en una deuda financiera. “Ahora la debemos igual, pero se la debemos a los bancos”, reconoció Echániz.
¿Financiación finalista?
A todo ello hay que sumar el hecho del enorme peso que la Sanidad tiene en los presupuestos regionales. Echániz resaltó la necesidad de que el sistema sea sostenible. Tras resaltar el “esfuerzo” realizado, entre otras, con la reforma farmacéutica, aseguró que el problema ahora es de definición política. Una vez que los ciudadanos han demostrado que están a favor de una sanidad descentralizada, se trata de encontrar una fórmula que garantice “qué Sanidad queremos tener y cómo la pagamos”, indicó el consejero.
En este sentido se refirió a uno de las cuestiones más mencionadas en el debate de la financiación sanitaria de los últimos años: la vuelta a una financiación finalista. Echániz tiene una opinión muy clara al respecto: teniendo en cuenta cómo se sobrepasaron los límites presupuestarios, “si los presupuestos hubieran sido finalistas, no se hubiera podido financiar la sanidad en los últimos años”.






































