| viernes, 06 de mayo de 2016 h |

Un mundo en el que determinadas soluciones sanitarias surgen de redes de científicos y empresarios que operan a través de estructuras sin ánimo de lucro y en el que las enfermedades olvidadas se transforman en patologías tratables, como ocurrió con el sida. Este es el escenario que plantea la Universidad de Emory, sede de una pequeña compañía sin fines comerciales dedicada al desarrollo de medicamentos llamada Drive (Drug Innovation Ventures at Emory). Sus impulsores se preguntan, en su contribución a la consulta de Naciones Unidos, si el modelo es exportable a nivel mundial.

En 1990, el profesor de Química de la Universidad de Emory, Dennis Liotta, se impuso el reto personal de desarrollar fármacos capaces de transformar el sida de una enfermedad mortal a una patología crónica. Llevó 13 años desarrollar la emtricitabina, una herramienta básica en el tratamiento antirretroviral. Durante este tiempo, Liotta y su equipo llegaron a la conclusión de que es necesario idear un camino alternativo para desarrollar fármacos para las conocidas como ‘patologías olvidadas’, que consiga catalizar toda la investigación en cada área y alivie el déficit de financiación en el proceso de desarrollo.

Conscientes de que solo con fondos filantrópicos no se puede sostener el proceso de desarrollo de un nuevo fármaco, los padres de la emtricitabina decidieron invertir parte de los beneficios obtenidos para fundar Drive. Su investigación se centró sobre todo en los virus ARN de sentido positivo, responsables aproximadamente del 80 por ciento de la carga de enfermedad viral mundial asociada al dengue, al chikungunya o al zika, entre otras enfermedades. La experiencia obtenida les permitió acortar considerablemente los tiempos para conseguir los subsidios necesarios para investigar: 15 meses, frente a los 4 años que llevó emtricitabina.

¿Es posible expandir el modelo Drive a un marco mundial que permita hacer frente a las enfermedades olvidadas? Sus autores creen que sí, y así lo han hecho llegar a los expertos de Naciones Unidas, utilizando para ello su propia experiencia. En noviembre de 2015, Drive llegó a un acuerdo con ANDI, la Red Africana para la Innovación en Materia de Medicamentos y Medios Diagnósticos. Esta colaboración tiene dos componentes: por un lado, entrenar a los científicos africanos en los aspectos legales y empresariales vinculados al sector biofarmacéutico; por otro, crear núcleos regionales de distribución.

Según los impulsores de Drive, este modelo que vincula a gobiernos y agencias no gubernamentales podría dar como resultado fármacos a precios asequibles y accesibles para todos.