c. r. Madrid | viernes, 05 de abril de 2013 h |

Cuentan los historiadores que una ley prohibía a los generales romanos cruzar el Rubicón al frente de un ejército. Este río era una especie de línea divisoria cuyo fin era proteger a la República de Roma de una amenaza militar interna. Julio César sabía que cruzar esta línea roja no tenía marcha atrás y que era una declaración de guerra. Hoy, las líneas rojas a las que se enfrentan los gobernantes son otras, aunque sus consecuencias no han cambiado tanto. Con ‘su’ decreto-ley en Farmacia, el consejero de Sanidad valenciano, Manuel Llombart, ha cruzado el Rubicón y ha puesto en pie de guerra a buena parte del sector sanitario.

El decreto se apoya en la necesidad de la Comunidad Valenciana de conseguir ahorros para no desviarse más de los objetivos de déficit. Desde este punto de vista, y una vez constatado el fracaso de Luis Rosado a la hora de lograr un nuevo modelo de gestión sanitaria (su plan pasó de ofrecer un ahorro de 443 millones de euros a otro de ‘solo’ 175), que el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, le eligiera para liderar la consejería tiene todo el sentido.

Llombart tiene experiencia como gestor sanitario. Desde 1997 trabajó en el Instituto Valenciano de Oncología. Sus últimos cinco años allí los pasó como director, lo que le permitió conocer los puntos flacos del sistema. Sufrió los impagos de la Generalitat, que incluso le obligaron a reclamar a Rosado el pago de 58 millones de euros al instituto.

Pero más importante que su experiencia en el sector es que su formación es, ante todo, económica. Es doctor (sobresaliente cum laude, para más señas) en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Valencia. Su capacidad para sumar le ha permitido elaborar un plan acorde a las necesidades financieras de la Generalitat: 300 millones de euros en Farmacia. Buena parte de estos ahorros vendrán de los algoritmos terapéuticos que tiene en vilo a la libertad de prescripción de los médicos.

Pero el auténtico Rubicón que ha cruzado el consejero afecta a los farmacéuticos, que ya le atribuyen, como al mítico militar y político romano, la famosa consigna del ‘Divide y vencerás’. El sector lee la apuesta por la concertación individual como un castigo al cierre patronal por los impagos de 2012, y puede ser este el gran punto flaco de un decreto que aún está pendiente del dictamen de los servicios jurídicos de la ministra Ana Mato.

Aunque el decreto sea recurrido, el daño ya está hecho. Nunca hay dos oportunidades para crear una buena primera impresión. Y si la ‘tregua de los cien primeros días’ (término acuñado por Franklin Roosevelt) es la oportunidad que tienen los nuevos gobernantes para crear una buena primera impresión, Llombart se ha labrado una mala imagen de cara al sector. Cabe suponer, como hizo Julio César al cruzar el Rubicón, que sabía que una vez lanzado el decreto, no había marcha atrás. Y cabe suponer también cuáles fueron sus palabras después de firmarlo: “Alea iacta est”.