Santiago de Quiroga
Presidente Editor de EG
| viernes, 05 de febrero de 2016 h |

El país entero está siguiendo muy de cerca las conversaciones del líder del PSOE, Pedro Sánchez, con todas las formaciones políticas con las que está hablando, en su intento de formar Gobierno. Las recientes encuestas del CIS en intención de voto sólo han dado un argumento más para evitar unas nuevas elecciones: el PSOE sería el más castigado en votos ante una nueva convocatoria electoral. Por esta razón, resulta acertado realizar algunas reflexiones sobre la sanidad que podríamos encontrarnos en caso de formar se un Gobierno presidido por Pedro Sánchez.

Los apoyos de uno y otro lado serían claves. En Campaña, Sánchez habló muy bien de las subastas andaluzas, pero si C’s le apoyara en la investidura debería renunciar a unas subastas que cuentan con una fuerte oposición de pacientes y farmacéuticos, entre otros. La derogación del RD 16/2012 sería otro punto a negociar con C’s. ¿Los parados volverían a pagar por sus medicinas? ¿Y los jubilados con recursos suficientes y que ahora pagan como máximo unos 8€ al mes por todas sus medicinas? ¿Cómo se manejaría la posibilidad de tener 90 millones de recetas más (un diez por ciento de incremento) y qué partida presupuestaria pagaría todo esto? Dudas razonables que, en cualquier caso, no tendrían mucho problema en acordar PSOE y C’s. A la hora de llevar derogaciones y cambios sustanciales, el PP podría facilitar algunos de ellos: C’s y PP comparten la necesidad de que las cuentas salgan y de asegurarse que la economía sigue impulsando la creación de empleo y el crecimiento económico, claves para que Bruselas no pregunte por los 8.600 millones de ajustes adicionales que exige a España.

La Sanidad no puede permitirse más recortes, pero las cuentas deben salir. El conseller catalán de Salut, Antoni Comín, asegura que la independencia traerá 1.000 millones de euros más a la Sanidad. Pero suena a que una Cataluña independiente no tendrá corrupción ni paro: utopía que roza el eslogan.

Pedro Sánchez puede tener el apoyo de Podemos y sus afiliadas, con lo que el Ministerio de Sanidad socialista se vería flanqueado por un secretario general nombrado por Podemos. En estas circunstancias, la política farmacéutica sería algo más compleja de encajar. Básicamente, habría que conjugar la sostenibilidad de la sanidad con un probable relajamiento de los ajustes con Bruselas. En principio, que se intente acabar con los ajustes suena bien, y el propio sector sanitario lo recibiría aliviado. ¿Y a medio plazo? Una economía que no continuara con la senda del crecimiento perjudicaría el déficit, y en cadena la economía y los ajustes presupuestarios a medio plazo, así como el encarecimiento de la deuda soberana, ya en el 99 por ciento del PIB en 2014. El Gobierno no podría ignorar el impacto de las medidas a tomar a medio plazo, y hasta ahora no he visto argumentos que me indiquen que sería asi. “No a los recortes” no basta.

Se le podría exigir al PP altura de miras, que piense en España y se eche a un lado para un Gobierno minoritario del PSOE, pero al hacerlo las consecuencias podrían ser aún peores que una nueva convocatoria de elecciones. A mi me preocupa la sanidad, además.

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La sanidad pendiente de las alianzas y de los acuerdos parlamentarios. La Comisión de Sanidad muestra la diversidad: Izquierda con 21 diputados y el resto (PP, C’s, PNV y DL) con 22.

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