Santiago de Quiroga | viernes, 30 de noviembre de 2012 h |

La subvención como instrumento financiero es muy bueno para el que la recibe, pero cuando el que la ofrece carece de los recursos, hay que buscar nuevos modelos. Y en cualquier modelo alternativo que se baraja es la iniciativa privada la que entra en juego. No estoy hablando de intercambio de cromos, sino de la verdadera iniciativa que abre sus bases de datos, que apoya las ideas originales y que es capaz de aportar el capital semilla para que una molécula candidata siga avanzando en su complicado proceso de ser, quizá, un medicamento. La iniciativa Open Innovation Drug Discovery de Lilly es precisamente eso. Que se lo pregunten a los investigadores del CSIC o CNIO, entre otros, que ya han podido ofrecer moléculas candidatas, posibles fuentes de ingresos adicionales para los propios centros de investigación si resultan ser moléculas válidas. Todos ganan. Luis de Guindos lo ha dicho con claridad, al afirmar que el modelo de subvenciones debe abandonarse, ya que la subvención por la subvención ya no es posible. La ciencia debe ser rentable.

En el congreso de los diputados, el Grupo Socialista, por boca de la diputada María González, preguntaba la semana pasada al ministro de economía por la inversión en Ciencia, destacando la “caótica situación de la Ciencia en España”. La situación sería peor con las cuentas en quiebra.

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