Santiago de Quiroga | viernes, 27 de septiembre de 2013 h |

La necesidad de ahorrar no se aloja sólo en la conciencia de la administración sanitaria. Me consta que las sociedades científicas y las organizaciones médicas propugnan prescribir el mejor medicamento y tener presente su coste. Aunque algún responsable sanitario no lo crea, los médicos optan por tratamientos económicos cuando lo creen oportuno. Un destacado especialista del campo de la oncología me confesaba hace unos días que la situación de obsesión por el ahorro de alguna administración autonómica es “para llorar e irse de España”. Urge poner orden en el caos que impide la libre prescripción con la búsqueda de un ahorro necesario, antes de que las ocurrencias de las alternativas a los tratamientos encuentren más adeptos, sin evidencia científica. De nada servirá que la sociedad médica y la propia Agencia Española del Medicamento establezcan unas bases claras de qué puede prescribirse y sustituirse: ya está inventado y se llaman “guías terapéuticas”. Cada hospital tiene mecanismos para hacer su propia guía, que no suele tener consenso pero es eficaz en su fin: limitar la prescripción. Urge que médicos, farmacéuticos y gestores hospitalarios se pongan de acuerdo. Nadie quiere que sea un país para llorar, sino para vivir más y mejor.

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