Santiago de Quiroga | viernes, 19 de julio de 2013 h |

El alemán Johannes Gutenberg inventó la imprenta, el americano Thomas Edison perfeccionó la bombilla, y el alemán Albert Einstein formuló su E=mc2. El inventor de las “Alternativas Terapéuticas Equivalentes” es el español Benito Dorantes, director de la Unidad de Gestión Clínica del área Sur de Sevilla, y jefe de servicio de Farmacia del Hospital de Valme de Sevilla. No quiero establecer comparaciones, y quizá algunos piensen que soy sarcástico, no lo voy a negar. Pero es que estoy asombrado. Lo primero que debo expresar es mi admiración (y ahora prometo que no hay ironía) porque un buen profesional de la farmacia haya puesto en alerta a un país entero, al Ministerio de Sanidad, a las sociedades médicas y a la industria farmacéutica. Un farmacéutico de hospital inventó, “aprovechando que existía el concepto de bioequivalencia y los biosimilares…” las Alternativas Terapéuticas Equivalentes o ATEs, tan denostadas como famosas. Y nadie sabe de dónde salen, un invento que, como dijo Dorantes “podrá llamarse de otro modo en breve”. Y seguro que lo hará. Las ATEs están quemadas y solo cuentan con el deseo de la Junta de Andalucía de bajar el gasto en medicamentos al precio que sea. ¿Importará alguna comunidad el invento?

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