Santiago de Quiroga
No ha podido ser más explícita la petición de Mercedes Roldós, consejera de Sanidad de Canarias, a la ministra de Sanidad y Política Social: que la sanidad quede al margen del Plan de Austeridad anunciado por el Gobierno. Estar dispuesto a disminuir viajes, gastos corrientes o de otro tipo de las diversas carteras, no puede ser comparable a recortar gasto sanitario. Construir carreteras dinamiza la economía, pero la sanidad dinamiza la sociedad, la protege, la asiste y la cura.
Todo el mundo es consciente de que el sistema sanitario debe ser sostenible, pero no sólo en 2010 sino en el futuro. A las puertas de un pacto sanitario —no de Estado— esperado por todos, hay que hacer algo diferente para obtener un resultado distinto.
Concienciar a la población sobre el uso de los recursos sanitarios (de todos, especialmente de las consultas y los medicamentos), estimular el autocuidado de la salud y promover medidas que fomenten el uso de los genéricos, entre otras, son medidas todavía pendientes de ver. Recortar la innovación de las empresas que apuestan por la I+D+i, los márgenes de la oficina de farmacia o de la distribución farmacéutica, como medidas de ahorro, es hacer más de lo mismo. Y no hay nada más absurdo, como decía Albert Einstein, que continuar haciendo lo mismo y esperar un resultado diferente.






































