Santiago de Quiroga | viernes, 09 de marzo de 2012 h |

El Gobierno está dando pasos muy firmes en el camino correcto. Sin duda es momento de decisiones duras y de cumplir con las exigencias de déficit, incluyendo la ‘minirebeldía’ pactada de quedarse en el 5,8 por ciento de déficit que Mariano Rajoy ha situado, en un órdago controlado: ni es descabellado para los mercados, ni es poco esfuerzo para el país: supone obligar a las comunidades a situar su déficit en el 1,5 por ciento y aportar otros 15.600 millones de euros, de los que a Sanidad le tocarán 6.240 millones de euros más. Rajoy ha sabido quedarse en la virtud de la mitad, y no llegar hasta el exigente e inalcanzable 8 por ciento de déficit.

Como decía Aristóteles, a los políticos se les debe exigir capacidad de previsión. Por eso, no debe planear sobre la tierra sanitaria la idea de una quita de la deuda. Eso nos situaría en el lugar de Grecia, a todas luces inasumible, injusto e irresponsable. Una quita es lo que se hace con los insolventes, los poco serios y los incapaces de planificar. Los políticos deben ser lo contrario: solventes, predecibles, confiables y previsores. Decir que los recortes sanitarios hacen peligrar el Estado del bienestar es una excusa burda para justificar que no se quiere frenar el despilfarro en materias no sanitarias, ni recortar de otras cajas prescindibles, en las que algunos han metido la mano.

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