Ana Mato pasará a la historia como la ministra que puso las bases de un sistema sanitario sostenible. Pero, sin duda, muchos le reprocharán que haya sido la ministra que introdujo el copago a los jubilados, mientras que los parados le agradecerán que las medicinas las obtengan ya gratis. Opiniones para todos los gustos. La semana pasada le concedió la medalla de los pacientes Alejandro Toledo, presidente de la Alianza General de Pacientes y de Alcer. En este país hemos pasado del “a los pacientes ni les habléis” de Elena Salgado (frase para la posteridad en una reunión con representantes médicos), y de las fotos vacías de Bernat Soria (que consiguió que alguna asociación no acudiera tras ver lo estéril de sus reuniones), a tener un representante de los pacientes en el Consejo Asesor del ministerio, por primera vez. Toledo es una persona luchadora y de convicciones. Nadie mejor que él para reconocer el esfuerzo de que los pacientes tengan voz, y de mejorar aún más el diálogo que permita la altura de miras.
La ministra Mato aún puede poner mucho orden en la regulación farmacéutica (aglutinando la desperdigada y atomizada legislación), garantizar la equidad de los ciudadanos y evitar los reinos autonómicos de taifas. Y tiene la determinación.
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