Santiago de Quiroga | viernes, 26 de octubre de 2012 h |

La dimisión de Antoni Mesquida, ex consejero de Salud del Gobierno de las Islas Baleares no es una buena noticia para los mallorquines ni para los políticos, y mucho menos para el PP. Me viene a la memoria cuando, tras unas elecciones en las que cambia el signo político, se apresuran los curricula a moverse para situarse en el lugar y el momento adecuados. Los partidos no deben mandar más en el nombramiento de puestos técnicos y de gestión que el interés por contar con los mejores. Mesquida se quejó de que no le dejaban formar su equipo, porque le venían dados algunos altos cargos por el partido.

La historia me suena, y ciertos sillones se ocupan tras las indicaciones de los partidos de turno, lo que es normal. Pero un consejero o un ministro deben contar con su equipo. Las excepciones de proporcionar confianza y libertad, en materia sanitaria, son muy pocas y honrosas, como también ha habido casos de querer prescindir de personas muy capaces sin justificación alguna. Francamente, para la posición de embajadora de Buenas Intenciones del Cono Sur, nos podemos permitir el lujo de poner a cualquier profesora de baile sin más experiencia que su extraversión, pero para puestos de gestión sanitarias deben estar los mejores. Quizá algunos de los males de la clase política sea la obsesión porque los partidos manden y controlen todo, cuando lo que deben hacer es confiar en sus consejeros de Sanidad nombrados y dejarles hacer.

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