Santiago de Quiroga
La mano de Barack Obama ha vuelto a influir en el sector sanitario a través de la maquinaria diplomática más eficaz que existe. Pero han sido muchos los factores que han influido en que, finalmente, algo de sentido común se imponga en el último ‘decretazo’. Que España baje el precio de los medicamentos y eso influya en todas las compañías europeas que vayan a utilizar nuestro precio rebajado como referencia, es un daño colateral que debía evitarse. La vía del descuento, que la ministra de Economía, Elena Salgado, no quería por complejo, puede evitarlo. Que un descuento pueda, además, ser temporal, es un brindis al sol que en estos momentos conviene no hacer: quién sabe lo que ocurrirá con el descuento cuando se vaya esta crisis larga, cuyo final no se vislumbra, ni en forma de brotes verdes. La embajada americana ha intentado poner de manifiesto el efecto de estas medidas en el empleo del sector y la pérdida de tejido industrial asociada a recortes desmedidos. Y en esa batalla, cómo no, otro aliado clave que vuelve a la escena política sanitaria ha sido CiU, que ya actúa con sentido de Estado. Otros que se han movilizado han sido los sindicatos de clase, UGT y CC.OO., que han visto el paro que se echaba encima del sector.
El panorama de la industria va a cambiar, y habrá que estar al tanto de los poderes emergentes.






































