La inversión en Sanidad y Educación alcanza los 90.000 millones de euros, el 65 por ciento del presupuesto de las autonomías. Tras los recortes anunciados por el Gobierno, una mayoría está en contra de lo inevitable: recortar en Sanidad. ¿Cómo hacerlo? ¿Se rediseña la asistencia sanitaria y las prestaciones en su conjunto? ¿Se actúa sobre la oferta de los medicamentos? ¿Se actúa sobre la demanda de servicios y medicamentos como en Cataluña? Los jóvenes no tienen miedo al copago sanitario, como dicen algunas encuestas hechas públicas estos días. Pero la mayoría de la población rechaza el euro por receta. Artur Mas ha sugerido que el resto de CC.AA. copien sus medidas, y hay que reconocer que son imitables y que, sin ellas, será imposible reducir gasto sanitario. Si seguimos reduciendo el precio de los medicamentos, imponiendo problemas para que los médicos prescriban lo más apropiado o burocratizando los tratamientos, tan sólo impediremos la buena práctica médica.
Argumentar que no se prescribe bien o que “se derrocha”, para anunciar medidas de contención del gasto en Farmacia, es demagógico. Las sociedades científicas tienen guías terapéuticas muy claras que, elaboradas por expertos, garantizan la calidad de la prescripción. No es cierto que esté desbocado el gasto hospitalario: está desbocada la gratuidad y las enfermedades que azotan a nuestra sociedad.
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