En los últimos años hemos asistido a una obsesión por las cifras económicas. Evitaré explicar las razones, sobradamente conocidas por todos. Ahora que la senda de la recuperación se anuncia, no hay que quitarle mérito al objetivo que se anunció en su día por parte del Ministerio de Sanidad: reducir la factura farmacéutica. Al margen de su impacto social (que la oposición explota al estar en contra de los “recortes”), los medicamentos son una bolsa de gasto que podía ser objeto de recorte, vía oferta (precio o aprobación de medicamentos) o vía demanda (acciones sobre los pacientes, como el incremento del copago). El resultado ha sido bueno para el objetivo perseguido, lo que era una pieza más del puzzle que debía encajarse para que España tocara fondo y se impulsara hacia arriba, a la superficie abierta. La paradoja es que si no se hubieran realizado los ajustes, las críticas le hubieran venido al Gobierno por pasividad ante la factura en medicamentos. Y habiendo conseguido reducir la factura (algo con lo que no estarán muy contentos los afectados) no habrá tampoco ninguna abalanza. La cartera sanitaria, sea ministerial o autonómica, no trae más que quebraderos de cabeza a sus responsables. ¿Quién dijo que la política fuera justa con sus máximos responsables?
@SANTIDEQUIROGA en twitter






































