España es un país de contrastes. Los mismos personajes políticos que hablan de democracia alaban la dictadura cubana. Otros que hablan de crear empleo, proponen la reducción drástica de los ingresos y beneficios empresariales. O los que alaban las ventajas de un modelo de farmacia accesible y amplio, proponen que las grandes cadenas pueden comenzar su aventura sobre las ruinas de la actual farmacia, y el esfuerzo personal de los farmacéuticos.
Algunos esgrimen la necesidad de recortar el gasto en Farmacia, como si el porcentaje del gasto en medicamentos versus el gasto sanitario fuera una medida precisa. Pero este dato ha caído más rápido que la credibilidad de las cuentas autonómicas: de un 25 al 15 por ciento. Ahora no creo que nadie diga que España gasta poco en medicamentos.
¿Cómo conjugar la disponibilidad de medicamentos innovadores con ajustes que incluyen la reducción del 33 por ciento del presupuesto en Farmacia entre 2009 y 2013? Alguien dirá que los presupuestos de la Administración son como las promesas electorales: se hacen para no cumplirlas. Así nos va. La imaginación, cuando la hay, se usa para acabar con la farmacia, con la innovación o con las empresas que se supone deben aportar para investigar, ahora más que nunca, lo que el estado ya no puede. Mientras la demagogia reine en la Sanidad, mal vamos.
@SANTIDEQUIROGA en twitter






































