Santiago de Quiroga | viernes, 04 de enero de 2013 h |

Las subastas de medicamentos para la oficina de farmacia son un engendro que pretende ahorrar a costa de beneficios empresariales de compañías pequeñas, españolas, de genéricos y de alguna multinacional que emplea a ciudadanos españoles, generando riqueza y pagando impuestos. Es tan injusto decir que todos los políticos son demagogos, corruptos e ineptos como afirmar que toda la industria farmacéutica son multinacionales voraces que ganan un dinero excesivo.

Quizás los que afirman esto sean los mismos que asaltarían las tiendas de Apple para regalar iPads a la ciudadanía o que creen que el mejor banco es un banco quebrado: demagogia barata. ¿Cuántos años de retraso en la obtención de un medicamento para curar el alzhéimer nos costará que las compañías no ganen el suficiente dinero para investigar? ¿Cuántos años de retraso en la cura definitiva del Sida nos costarán las políticas que pretenden acabar con el beneficio de las compañías? Alguno recurrirá a la lapidaria e irónica frase de Unamuno “que inventen ellos”, pero eso sólo muestra la mentalidad provinciana de algunos dirigentes de mentes estrechas que no deberían estar en ciertos puestos. Ellos son los responsables de acabar con la ciencia en nuestro país. Estos dirigentes echan a la calle a personas que trabajan en el sector, hacen daño al país y a la sociedad.

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