Parece que no nos hemos enterado de que las cosas nos obligan a derrumbar el edificio destartalado de una sanidad que no se sostiene financieramente. No se sostiene, pero ha sido posible ofrecer al ciudadano un servicio de calidad gracias al trabajo de los médicos, la generosidad de los farmacéuticos y la paciencia de los proveedores. Hombres y mujeres que con su esfuerzo han conseguido lo que no podía la escasez de recursos. Ahora toca ordenar la casa desde el punto de vista financiero. ¿Alguien será capaz de acabar con los municipios y diputaciones para ahorrar el dinero que se le resta a la Sanidad? Imagino que es duro despedir concejales de un partido. Quizá tan duro como ver empresas que cierran o despiden a sus trabajadores.
Lo que me preocupa es el populismo de los que creen que un jubilado debe pagar el recibo de la luz pero no por sus medicamentos. Y no hablo de los jubilados con pensiones no contributivas, o sea, baratas. El copago, en 2012 y en España, es la medida más solidaria que puede tomar un Gobierno, si de esta forma se mantiene el nivel de prestaciones. Lo ha hecho Cataluña (sí, ¡ya sé que fastidia a algunos que sean los catalanes los que vuelven a marcar el camino!). Pues el camino de pedir más a los de siempre se ha agotado. Lo que es injusto es quebrar la sanidad. Es hora de corresponsabilizar.
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