| viernes, 23 de abril de 2010 h |

Santiago de Quiroga

Fue una de las experiencias más relevantes de 2008, en el que la directora de División de PostComercialización de la Agencia del Medicamento de Reino Unido (MHRA), June Raine, hizo cambiar mi concepción de lo que debía ser un funcionario.

Desde el escenario del congreso de la Asociación Europea del Autocuidado, asistíamos el director general de la patronal italiana y yo mismo, a la primera de las tres intervenciones que íbamos a realizar a propósito de la situación del sector del autocuidado de Reino Unido, Italia y España. Si en ese momento me dicen que quien habla no es una funcionaria sino la primera ejecutiva de una multinacional mostrando su visión estratégica del autocuidado dentro de la sanidad británica, lo hubiera creído. Básicamente: las camas de los hospitales van a verse reducidas en favor de una atención primaria más fuerte, la puerta de entrada y en ocasiones la de salida de la asistencia. Ante esta situación de incremento de la demanda de atención primaria hay que aliviar a la misma con el autocuidado. El objetivo en un país con un 25 por ciento del mercado farmacéutico de “autocuidado” era llegar al 30 por ciento. En España estamos en el 6 por ciento. Me conformaría con mirar a nuestros amigos portugueses de tú a tú: consumen el doble de medicamentos sin receta per capita que nosotros. Somos mayores para decidir ¿no?