Santiago de Quiroga | viernes, 07 de diciembre de 2012 h |

En los últimos meses, los farmacéuticos de la Comunidad Valenciana iniciaron una huelga con el propósito de cobrar lo que la administración sanitaria les adeudaba. Sus mensajes eran muy sencillos: “No nos pagan las medicinas”. Algo que todo el mundo comprende. Conectar con el mensaje es básico para el éxito de una huelga que sufren los ciudadanos. Los valencianos se han mostrado comprensibles con la farmacia. Ahora arde Madrid, con la fusión nuclear de los que defienden un ideológico “no a la privatización” más los médicos interinos, que son los que prendieron la mecha. De este matrimonio, que hace meses hubiéramos dudado todos, empiezan a crecer hijos entre todos los colectivos médicos.

Hijos como: “La gestión privada, ¿por qué debe ser mejor que la pública? Que lo demuestren” o “No podemos hacer medicina si hay un beneficio de por medio”, entre una larga prole de hijos de un dios menor. El tiempo y el espacio han confluido para que todo el espectro sanitario se alce, al menos sus organizaciones. Pero el ciudadano deberá entender con mensajes algo más elaborados que el “no a la privatización” lo que ocurre de verdad, porque si empieza a sufrir en sus carnes la huelga, viendo que en Cataluña, Comunidad Valenciana o Andalucía ya existen hospitales y centros de salud con gestión privada, se caerá todo como una baraja de naipes.

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