Hacer gárgaras con agua caliente con limón y miel, no automedicarse, no tomar antibióticos por cuenta propia y dormir siete horas diarias son algunas claves para aliviar los síntomas del resfriado o prevenir el mismo que propone Cinfa. En este sentido, su asesora médica, Aurora Garre, explica que “no existe ningún tratamiento” para curarla rápidamente.
Es la patología leve más extendida en el mundo, dado que se estima que una persona sana puede padecer entre dos y tres resfriados de media al año. Muchos de estos casos se producen en esta época del año, cuando el frío y la humedad favorecen la supervivencia de los virus y las condiciones meteorológicas incitan a las personas a permanecer bajo techo, aumentando el riesgo de contagio.
“Una infección aguda del tracto respiratorio, generalmente de origen viral, que no produce fiebre alta y que cursa con inflamación de nariz, senos, laringe, tráquea y bronquios”, apunta. Con frecuencia, se inicia con dolor de garganta y llega acompañado de malestar general, cefalea, tos, congestión nasal, secreciones y fiebre leve. Estos síntomas se desarrollan de manera progresiva y suelen durar una semana, aunque la tos puede persistir por más tiempo”, apostilla la doctora.
Ahora bien, aunque se trata de una patología que afecta a personas de todas las edades, existen factores de riesgo para contraer un resfriado, como, por ejemplo, el estrés psicológico, las alteraciones del sueño y el descanso, la malnutrición, el hábito tabáquico, las inmunodeficiencias congénitas, la presencia de enfermedades crónicas subyacentes, vivir o trabajar en un lugar hacinado, y en el caso de los niños, la exposición a los virus en las escuelas infantiles o guarderías.
“Puesto que se trata de una enfermedad viral, también aumentan las probabilidades de cogerse un catarro si se está en contacto con una persona resfriada. Cuando ésta tose, estornuda o exhala, puede transmitir los virus, que además están presentes en objetos contaminados con secreciones como pañuelos, toallas, vasos o cubiertos compartidos”, señala. En definitiva, dice, la única forma eficaz de evitar los contagios es prevenir, en la medida de lo posible, la transmisión de los virus entre personas.






































