Francisco Rosa Ingelheim | viernes, 26 de abril de 2013 h |

La presentación de los resultados económicos de Boehringer Ingelheim estuvo marcada por una sensación agridulce, y eso pese a que el laboratorio alemán registró un nuevo incremento en sus ventas (6,3 por ciento en monedas constantes). La razón es simple: algunos países europeos están aplicando políticas de precio y reembolso que preocupan, y mucho, a los responsables de la compañía, los cuales advirtieron de posibles “ajustes estructurales, sobre todo en el Sur de Europa”.

Antes de que se encendieran las alarmas, Andreas Barner, presidente del comité ejecutivo de la compañía, quiso dejar patente la fuerza con la que el grupo ha pasado por este 2012. Las ventas se alzaron hasta los 14.691 millones de euros, espoleadas, principalmente, por cuatro productos del área de prescripción: tiotropio (Spiriva) registró 3.562 millones, un 13 por ciento más que en 2011; Micardis mantuvo un ritmo constante, con una cifra de negocio de 1.623 millones; y Pradaxa ya supera los 1.100 millones, con un crecimiento del 76 por ciento.

Estas cifras explican el poder que mantiene el área de prescripción en la facturación total del grupo. Esta división acaparó el 78 por ciento del negocio del laboratorio a nivel global, con unas ventas establecidas en los 11.405 millones de euros. Además, se prevé que su evolución será positiva, gracias, en parte, a la introducción de nuevos medicamentos como linagliptina (Trajenta) y al lanzamiento de nuevos productos en oncología (afatinib), diabetes (empagliflozina), hepatitis C y enfermedades respiratorias.

Diferencias geográficas

Pero todo este optimismo se truncó cuando se ahondó en el comportamiento de las ventas de los fármacos de prescripción en las distintas áreas geográficas. En este sentido, destaca el relativo estancamiento que vive la compañía en el ámbito europeo, un mercado que creció al 5 por ciento (2.822 millones de euros). El dato podría considerarse positivo si no fuera por el alza del 15 por ciento (5.556 millones) en América, así como el 18,3 por ciento de Asia, Australasia y África (2.815 millones).

“El incremento de la presión sobre los precios y las barreras al acceso a la innovación en Europa hará que tengamos que adaptar nuestra estructura de negocio en varios países, en los del Sur en particular. No podemos mantener la estructura actual con estos niveles de ventas”, afirmó Barner, que al ser preguntado por las medidas que se contemplarían eludió cualquier tipo de precisión.

Uno de los que seguro saldrá afectado será Francia, que sufrirá el cierre, casi con toda seguridad, de un centro de producción químico. Y es posible que se extienda a más países, aunque el máximo responsable ejecutivo descartó que estas decisiones vayan a tener repercusiones para la planta de Malgrat de Mar, en Barcelona.

Alemania también podría sufrir las repercusiones del ajuste tras la decisión del GBA sobre linagliptina. Este organismo ha decidido que el fármaco no aporta incremento de beneficio sobre la sulfonilurea, por lo que el precio no podrá ser superior al de este medicamento que ya tiene genérico. “Esto podría suponer una amenaza para algunos puestos de trabajo en las instalaciones de I+D en Alemania”, dijo Hubertus von Baumbach, responsable financiero.

En el otro lado están países como China, un mercado con enorme potencial para la compañía, y que podría ascender en unos tres años al top- 3 que actualmente ocupan Estados Unidos, Japón y la propia Alemania.