| viernes, 15 de abril de 2016 h |

Allergan afronta con optimismo la frustrada fusión con Pfizer provocada por el endurecimiento de la legislación en Estados Unidos (EE.UU.) para evitar la fuga de tributación de empresas de aquel país. Para Allergan finiquitar la ilusión de formar parte de la que hubiera sido la principal compañía farmacéutica del mundo supone un giro de 180 grados.

Eso sí, parece que el viraje en redondo no ha afectado a la confianza de la compañía, que mantiene el apoyo de accionistas y su cotización bursátil relativamente estable. Al cierre de esta edición, el valor oscila a la baja, pero con una recomendación casi unánime de compra. En este sentido, analistas en EE.UU. y Europa confían en que la única operación que a día de hoy tiene Allergan en marcha — el proceso de venta de su división de genéricos a Teva por 40.500 millones de dólares (unos 36.000 millones de euros) — culmine sin contratiempos.

Fuentes internas de la compañía consultadas por EG han ratificado que “la transacción con Teva no se ve afectada y se espera que finalice en junio de 2016”. De hecho, en contraposición a lo ocurrido con la frustrada fusión con Pfizer, la operación cuenta con el beneplácito político de la Comisión Europea (CE), que el pasado 11 de marzo dio el visto bueno a la compra. De esta forma, Allergan hará caja y contará con la suficiente flexibilidad financiera para plantearse nuevas adquisiciones o la compra de acciones, como señalan analistas de Standard & Poor’s o Morningstar.

La mayoría de estos analistas creen que Allergan, tras la venta a Teva de la división de genéricos — la tercera más importante del mundo —, continuará en el camino de fusiones similares a la operación que ha fallado por Pfizer. Hay que recordar que la empresa resultante de la compra se hubiera plantado en el mercado con una capitalización de 282.000 millones de euros (unos 300.000 millones de dólares) y se esperaban beneficios anuales de 60.000 millones de euros.

Crecimiento sostenible

Lo que es seguro es que Allergan quiere continuar con su estrategia previa al proceso de fusión y confía en mantener sus previsiones de crecimiento. Aseguran desde la compañía que “Allergan sigue teniendo un fuerte perfil de crecimiento como empresa independiente. Está preparada para un crecimiento sostenible como líder en fuertes marcas de siete áreas terapéuticas diferentes”.

De esta forma la compañía que tiene su sede central en Dublín y la administrativa en Parsippany, Nueva Jersey, (EE.UU.) confía en su fortaleza corporativa y en sus previsiones de crecimiento como los pilares sólidos sobre los que edificar su futuro. El sentirse líder en siete áreas terapéuticas “proporciona la base para un continuo crecimiento en 2016 y en adelante. Nuestro pipeline es uno de los más fuertes de la industria con 70 programas en fases medias y finales de aprobación, incluyendo 14 aprobaciones pendientes y 16 solicitudes de registro en 2016”, destacan. A esta sensación de seguridad contribuyen sin duda las 750 especialidades farmacéuticas de marca y de genéricos que comercializa en 60 países. Algunos de ellos famosos éxitos de ventas como Botox, Restasis, Lumigan, Lizness, Namenda, Fillers o Bystolyc.

Tampoco hay que desdeñar las áreas terapéuticas donde Allergan es referente como el sistema nervioso central, oftalmología, urología, antibióticos, gastroenterología, salud de la mujer, cardiovascular. Buena prueba de ese dominio son los resultados anuales de la compañía, que en 2015 facturó 13.670 millones de euros (15.071 millones de dólares) frente a los 6.113 millones de euros (6.739 millones de dólares) que declaró en 2014, es decir, duplicó ventas y obtuvo un beneficio neto atribuido de 3.340 millones de euros (3.683 millones de dólares).

Por otro lado, es evidente que el CEO de Allergan, Brent Saunders, ha querido ofrecer transparencia y desde el mismo día del anuncio del fin de la fusión la exhibición de las fortalezas de la compañía ha sido una constante. Ha resultado habitual ver a Saunders en entrevistas en televisión en EE.UU. y en la prensa económica y especializada para explicar su postura — muy crítica con las leyes estadounidenses — y reforzar de paso la imagen de Allergan de cara a accionistas y el resto de la industria.

La principal denuncia que Saunders ha esgrimido en los medios hace referencia a la volatilidad e inseguridad jurídica que se ha producido en EE.UU. ya que el máximo responsable de Allergan denuncia la parcialidad con que las leyes de aquel país se han modificado poniendo de esta forma en duda la esencia del libre mercado estadounidense. “El Gobierno ha dinamitado el acuerdo. Cambiar las reglas después de que el partido ha comenzado a jugarse es un poco antiamericano, pero es el escenario al que nos enfrentamos”, sentenció Saunders en la cadena CNBS.

Eso sí, lo único en claro que va a sacar Allergan de la frustrada fusión con Pfizer son los 131 millones de euros (150 millones de dólares) predefinidos por contrato en caso de que la adquisición no llegara a buen puerto.

En Pfizer la confianza en su CEO Ian Read está fuera de toda discusión. El respaldo que siente el máximo responsable de una de las farmacéuticas más poderosas del planeta no se resquebraja, pese a que la frustrada fusión con Allergan no es la primera megaoperación que se va al garete bajo su dirección. De hecho, la de Allergan es la segunda tras la que Pfizer intentó en 2014 con AstraZeneca por unos 118.000 millones de dólares. El principal activo para Read es su gestión y la mejor prueba de su efectividad ha sido el respaldo que tiene por parte de los accionistas. La agencia Reuters ha elaborado una encuesta entre una decena de inversores de Pfizer y la conclusión es clara. Los diez apoyan y suscriben la gestión de Ian Read. “Decisiones correctas”, “no debe de ser la cabeza de turco” o “Le doy un sobresaliente a su gestión” son algunas de la frases que resumen el estado de ánimo del accionariado de Pfizer. Incluso algunos de los accionistas consultados responsabilizó al Gobierno de EE.UU. “Desafortunadamente, el Tesoro ha abusado de su autoridad y ha creado sus propias reglas”. De hecho, la cotización de las acciones de Pfizer se encuentran en un valor similar al de noviembre de 2015, cuando se anunció la operación con Allergan, por lo que tras seis meses de pérdidas los accionistas fieles a Pfizer se encuentran sin pérdidas sustanciales y esperando el próximo movimiento.