Redactor jefe de ‘La Razón’ viernes, 07 de marzo de 2014 h
Al igual que la cabra tiende siempre a ir al monte, Valencia y Andalucía han decidido volver a despeñarse por la montaña. Obsesionados con el control del gasto público por el lado casi exclusivo de la industria y la farmacia, y sabedores de que este Ministerio de Sanidad no pasará a la historia sanitaria por sus grandes gestas a la hora de meter en vereda a las autonomías o de imponer la cohesión territorial, los consejeros de Salud y de Hacienda de ambos feudos han redoblado su apuesta por dos fórmulas incomprensibles que desprecian las competencias de la autoridad central, rompen la unidad de mercado y ahuyentan a una inversión amante de la estabilidad y del orden.
Los algoritmos y las subastas, convierten en ciudadanos de segunda a los que eran de primera por la injusticia que conllevan, han vuelto a la palestra, y su irrupción no es casual. Coincide prácticamente en el tiempo con la intensificación del debate sobre los posicionamientos terapéuticos que ha impulsado el ministerio, lo que no deja precisamente en buen lugar a este departamento a la hora de dar la voz de alarma y cercenar de raíz la aberración. El que no tiene auctoritas difícilmente podrá ejercer bien la potestas para acallar a los díscolos y solventar las injusticias, han debido pensar desde las autonomías. Y así parece que va a ocurrir.
Después de aparcar su idea durante unos meses ante la amenaza velada de judicialización que le lanzó el ministerio, y de adaptarla después a la Ley de Garantías, Manuel Llombart vuelve a la carga con tres documentos casi tan incomprensibles para la industria como los anteriores. Esta vez, el objeto de ahorro son los antipsicóticos, la pregabalina y los antidepresivos. No es extraño que Farmaindustria alerte de que las autonomías creen reservas singulares para la prescripción de los medicamentos así como informes de posicionamiento, cuando la facultad para hacerlo recae en la Aemps. La purga de altos cargos en la consejería no tenía como fin desbaratar los algoritmos, por mucho que a Manuel Escolano se le atribuyera su paternidad.
Si grave es lo valenciano, lo de Andalucía es de traca. No contenta con el fracaso de las subastas de María Jesús Montero, la nueva consejera se empecina en llevarlas adelante extendiendo por la vía de los hechos la duración del proyecto, como denuncia EG. El enfado de los farmacéuticos y de las compañías es mayúsculo, pues temen nuevas represalias ante cualquier intento de oposición, como ya sucedió. No es extraño que se formen plataformas y elaboren manifiestos contra una medida que, además de no ahorrar apenas, torea competencias estatales y vulnera reglas de la unidad de mercado.
¿Qué sociedad científica tiene ya tan pocos convenios con la industria que cuando firma uno lo divulga a bombo y platillo?
¿Qué tanto se ha apuntado Farmaindustria en Cataluña sin sacar pecho por ello?
¿Qué diputado popular se está moviendo por todos lados por si suena la flauta del Ministerio de Sanidad?
¿Qué ilustre miembro del PSOE trata de cambiar poco a poco el mensaje sobre la sanidad privada en su partido?
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