El Global Madrid | viernes, 09 de junio de 2017 h |

En una época en la que farmacéuticos comunitarios y hospitalarias reivindican su cuota de protagonismo en la atencicón y continuidad asistencial del paciente —en algunos casos con iniciativas colaborativas y en otros reclamando cierto liderazgo — los farmacéuticos de Atención Primaria también han dado un paso al frente para postularse como garantes de la atención farmacéutica. En su caso, para situarse en el centro de esa coordinación y a través de un llamamiento para reclamar “un control específico desde la atención primaria (AP) que optimice los tratamientos farmacológicos y el uso racional de los medicamentos, sea cual sea el origen de la prescripción”, apunta el presidente de su sociedad científica (Sefap), Ángel Mataix.

Para justificar que la adecuación de la farmacoterapia de los pacientes se lleve a cabo desde este nivel asistencial y sea cual sea el origen de la prescripción, desde Sefap se recuerda que —según estimaciones de esta sociedad— el 80 por ciento de los medicamentos sujetos a prescripción que toman los ciudadanos españoles tienen su origen en recetas de atención primaria. Mientras, el 20 por ciento restante se prescribiría en otros ámbitos asistenciales como la atención hospitalaria o la de urgencias. Por ello, Mataix considera que “la AP es el centro del sistema y donde se gestiona el historial farmacoterapéutico de los pacientes; por esta razón, tiene los recursos y profesionales necesarios para coordinar a los diferentes ámbitos asistenciales, como son la atención hospitalaria y la comunitaria”. “La coordinación de la atención farmacéutica desde Atención Primaria evita errores y duplicidades en la medicación y asegura la continuidad asistencial”, inciden.

El principal objetivo de esta coordinación sería garantizar la seguridad de los pacientes y la continuidad asistencial entre los diferentes ámbitos de atención (conciliación). Es decir, “que no existan duplicidades de medicación o posibles interacciones y contraindicaciones; lo cual es especialmente importante cuando se da una transición entre los diferentes ámbitos”, se apunta desde Sefap.

Tal como explica Mataix “cuando, por ejemplo, a un paciente le recetan en un centro hospitalario público o privado un medicamento que ha de tomar porque ha tenido un infarto, es necesario valorar al paciente de manera integral y no solo desde la perspectiva de una especialidad hospitalaria porque, probablemente, el mismo paciente ya tome otras medicaciones”.

Una vez superada la situación que le ha llevado al hospital, “el médico y el farmacéutico de AP deben hacer una valoración en base al historial farmacoterapéutico del paciente para asegurar que los medicamentos que va a tomar son los más adecuados para su situación, con especial atención en potenciar su seguridad identificando interacciones, duplicidades de medicamentos y posibles efectos adversos”, prosigue el presidente de Sefap.

En el otro sentido, cuando un paciente medicado ingresa en un hospital para ser, por ejemplo, intervenido, deben realizarse también las actividades necesarias para conciliar su tratamiento farmacológico con el que va a recibir en el hospital. Como destaca Mataix, “hay ocasiones en las que dejar de tomar un medicamento o tomarlo conjuntamente con otros hace que deje de tener efecto, e incluso otras en las que el paciente ya toma el mismo medicamento que le dan en el hospital”, añade Mataix a fin de recalcar la importancia de posicionar al farmacéutico de Atención Primaria en el centro de todas estas situaciones.