Si hace poco era Competencia quien se posicionaba —razones o no al margen— como principal “azote” de las farmacias, esta entidad parece haber sido desplazada por otras entidades que, a priori, no deberían tener en su leit motiv tanta acritud contra estos establecimientos. Son los casos de algunas entidades representativas del colectivo de enfermeros, renegados con la farmacia asistencial, y también de los consumidores.
Con una periodicidad de apenas dos meses entre ellas, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha emprendido dos actuaciones con las que ‘señala’ negativamente a las farmacias. La primera, en junio, con un comunicado que denunciaba que en las boticas “parece imperar el interés económico frente a la salud pública”, debido a lo que consideran “proliferación de venta de productos en ellas que nada tienen que ver con la salud”. “¿Son establecimientos sanitarios o centros comerciales?” llegaba a cuestionar.
Ahora, a tenor de los resultados de un estudio propio, denuncia “mala praxis y atención deficiente en las farmacias españolas”. La OCU asegura que ha visitado 100 farmacias de 10 ciudades y que “en el cien por cien de ellas dispensaron ibuprofeno 600 mg sin receta, cuando es obligatorio presentarla”. Asimismo, indica que “en muy pocos casos preguntaron por problemas previos de salud ni aconsejaron sobre cómo tomarlo”.






































