La adherencia a los tratamientos y su abordaje desde la farmacia comunitaria pasó un exhaustivo examen, recientemente, desde el punto de vista de la Administración, de los pacientes, del propio sector farmacéutico y desde una visión económica, en un encuentro organizado en la sede de Wecareu con la colaboración del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF). Ante la vertiginosa cifra con la que se cuenta actualmente que refleja que en España, al menos el 50 por ciento de los pacientes no es adherente a su tratamiento, distintos profesionales se dieron cita para buscar soluciones.
Raquel Martínez, presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Soria y presidenta del Consejo de Colegios Farmacéuticos de Castilla y León (Concyl) rompió el hielo manifestando que las definiciones que más le gustaban sobre adherencia son en las que se marca al paciente como eje central y donde se fija que el trabajo debe ir hacia él de una manera colaborativa entre todos los profesionales sanitarios.
“Es muy importante que trabajemos de manera directa e involucrada con dicho paciente, que podamos ir viendo cuáles son sus barreras de cara a esa falta de adherencia y lo acompañemos en ese camino para que haya un cambio de conducta. Está claro que cuando intervenimos conseguimos mejoras pero si no hacemos parte implicada al paciente para que sea conocedor de su enfermedad o de sus tratamientos, es difícil que haya un cambio de conducta y sea adherente”, aseguraba mientras reconocía que “la adherencia es un problema, tenemos en torno a un 50 por ciento de pacientes no adherentes y ese grado de incumplimiento muy elevado está provocando problemas a nuestros pacientes a nivel sanitario y también se nos escapa un dinero inmensísimo, el medicamento que no se toma es el que más gasto supone al sistema”.
En la misma línea se mostró Lydia Chaparro, responsable de Servicios Profesionales Farmacéuticos Asistenciales del Colegio de Farmacéuticos de Guadalajara y formadora colegial al apostillar que “la adherencia es un problema de salud pública. Estamos gastando mucho dinero en investigación de medicamentos pero el problema es la adherencia”.
Chaparro consideraba fundamental que para que haya un cambio de conducta en los pacientes no adherentes se debe tener una práctica colaborativa con ellos y para ello apostaba por dar las herramientas necesarias al farmacéutico para convertir su farmacia en una farmacia asistencial, centrada en el paciente.
“Hay una diferencia entre el cumplimiento y la adherencia. En el cumplimiento, el paciente siente al agente sanitario de una forma paternal, tiene un papel pasivo y es como el niño que cumple un mandato del padre. Por el contrario, en la adherencia el paciente tiene un papel activo y hay una colaboración con el farmacéutico y es ahí donde puede haber un cambio de actitud”, matizaba Chaparro.
Saliendo de la farmacia y entrando en la Administración, Julio García Comesaña, director de procesos asistenciales de la Estructura Organizativa de Xestión Integrada de Vigo (EOXI), quien trabajó en casos de adherencia en la consejería de Sanidad gallega, defendió la figura del farmacéutico señalando que “el SNS está viviendo el cambio de modelo de un sistema basado en el paciente agudo a centrarse en el crónico, que es el que más presupuesto gasta. Hemos ganado en coordinación pero tenemos que dar un paso más y llegar a la farmacia y otros agentes, si no, la coordinación se queda a medias”. Comesaña apostaba por una labor transversal porque “el medicamento que se prescribe no es una cosa aislada sino que llega a todos los niveles desde el que lo prescribe al que lo sigue, lo administra, al que le da los consejos al paciente y por eso tenemos que dar un paso más y empoderar al paciente, es decir, cuando conseguimos que el paciente vea la necesidad de tomar bien el fármaco, iremos por el buen camino”.
“Desde la administración tenemos los centros de salud y los hospitales, llegamos a donde llegamos, y las farmacias conocen mejor al paciente que los enfermeros o los médicos y ese paso tiene que acabar llegando por activa o por pasiva. Hay que implicar a la farmacia porque el consejo farmacéutico tiene que estar integrado con todo lo demás, ya que cuando el paciente más conoce su enfermedad y las herramientas que le damos, mas fácil es que cumpla con su medicación”, reiteraba Comesaña.
Las cifras sobre la mesa vinieron de la mano de Eder Alonso, de la consultoría Price Waterhouse Coopers, quien afirmaba con rotundidad, apoyándose en diferentes estudios, que “la adherencia es un problema, pero también una oportunidad para ahorrar cantidades importantes de dinero al Sistema Sanitario. Alonso destacó que, por ejemplo, en Reino Unido, los servicios de adherencia llevan implantados hace años y según un estudio realizado en ese país, se reflejó que la intervención del farmacéutico en temas de adherencia suponía un ahorro de 263 euros anuales por paciente.
“Si el paciente es adherente hay más ahorros y si en el futuro se pusiera en marcha un servicio de adherencia que estuviera remunerado, se generarían impactos económicos por el mero hecho de poner en marcha el servicio e incrementar la actividad económica de la farmacia”, mantenía Alonso.
El último turno, y no por ello menos importante, fue el reservado para los pacientes, representados por Consuelo Díaz-Maroto, socia de la Asociación de Pacientes de EPOC y Apnea Del Sueño (Apeas). Díaz-Maroto, paciente diagnosticada de EPOC, hace dos años, lanzó un mensaje alto y claro. “Falta asesoramiento, los enfermos nos sentimos desprotegidos”, reflejaba aseverando que muchos pacientes echan en falta una atención personal.
“Nosotros no pensamos en la economía ni en el costo. El paciente lo que quiere es que le diagnostiquen bien y en EPOC el diagnostico es tardío con lo cual llegamos un poco apurados. Nos dicen cual es el tratamiento y que es imprescindible para permanecer estables, pero no te dicen el funcionamiento de tu enfermedad”, criticaba. Ante esa desprotección y falta de consejo, Consuelo afirmaba que el asesoramiento lo buscaba en Google y ella misma reconocía que en Internet no se sabe a qué información hacer caso.
“Somos conscientes de la falta de información y desde la Administración intentamos poner mecanismos para que el paciente cuando busca la información tenga cierta garantía”, aludía Comesaña, haciendo referencia a una plataforma como É-Saúde en Galicia donde el paciente puede entrar y ver enlaces con información acreditada y validada sobre diferentes enfermedades.
“Hoy por hoy el farmacéutico no tiene tiempo para atendernos con tanta receta y tanta pregunta, debería ser como una consulta a parte”, proponía Díaz-Maroto.
En este sentido, Lydia Chaparro aludía a las Zonas de Atención Personalizada (ZAP), una tendencia que va implantándose poco a poco en las farmacias, dónde el farmacéutico trata con el paciente sobre asuntos más sensibles.
El encuentro supuso un enriquecedor ‘brainstorming’ que concluyó con la idea de construir un futuro modelo volcado en que el paciente conozca su enfermedad y el efecto de su tratamiento, en el que haya comunicación y colaboración con otros profesionales sanitarios, se empodere al paciente y exista una remuneración por los servicios profesionales prestados.
El paciente debe conocer la enfermedad y conocer el efecto del medicamento para lograr una mayor adherencia
En Reino Unido, la intervención del farmacéutico en temas de adherencia supone ahorrar 263 euros por año y paciente






































