Fue, como bien ha comentado su protagonista, “un caso de azar y de buena suerte”. Franc Capdevila, farmacéutico titular de la farmacia Sarrià de Barcelona, se convirtió, el pasado martes 8 de agosto, en un ‘ángel’ para Enrique.
El azar o la suerte hicieron que este ciudadano de unos 50 años de edad paseara a mediodía por el número 52 de la avenida de Sarriá cuando se desplomó víctima de una parada cardiorespiratoria. Inmediatamente después, Capdevila, que entraba en su botica, situada justo enfrente, se paró para atenderle, en lo que en un principio sospechaba era un desmayo o una borrachera, sin embargo, la situación fue más grave de lo que esperaba.
La reacción a tiempo hizo que la víctima de la parada cardiaca esté hoy a salvo.
“Si no hubiese sido por el desfibrilador, el hombre no se hubiera podido recuperar”, afirmaba a EG, Franc Capdevila.Y es que, en un primer momento, el farmacéutico, junto a un agente de la Guardia Urbana, empezó a realizar las maniobras manuales de reanimación cardiopulmonar o RCP, ya que ambos habían comprobado que el hombre no tenía pulso y su cara empezaba a ponerse morada.
Al no reaccionar con estas maniobras, Capdevila, no lo dudó y se dirigió con la máxima celeridad a por el desfibrilador que tiene instalado en su botica, desde hace tres años, para proceder a las descargas y recuperar las constantes vitales. Una actuación que surtió efecto antes de la tercera descarga, pues el hombre recuperó la consciencia y pudo responder a varias preguntas, al mismo tiempo que indicaba que se llamaba Enrique. Un episodio, de apenas 7 u 8 minutos, que culminó con la llegada de la ambulancia que le estabilizó y trasladó hasta el hospital Clínico para su posterior recuperación.

“Estamos formados, pero no estamos acostumbrados a un caso como este”, indicaba el farmacéutico consciente de que una cosa es la teoría y otra la práctica.
No obstante, “te quedas con un sentimiento de satisfacción bestial. Me alegré al saber que el hombre, una vez recuperado, se acercó a mi farmacia para preguntar por mí”, señalaba Capdevila, pero al estar de vacaciones no se ha producido aún el encuentro. Si bien, asegura, que tras la vuelta, “nos tomaremos un café tranquilamente”.
Se da la circunstancia de que este joven boticario perdió hace menos de un año a su padre víctima de un infarto, por lo que concluyó que “nadie pudo ayudar a mi padre pero yo al menos he ayudado a alguien”.
‘Barcelona, ciudad cardioprotegida’
La Asociación de Farmacias de Barcelona (AFB) junto a la Asociación Barcelona Salud (ABS) y la Fundación Brugada, impulsan desde finales de 2013, una iniciativa llamada ‘Barcelona, ciudad cardioprotegida’ en la que facilitan desfibriladores a las farmacias, ya que en muchas ocasiones son el primer punto de acceso del ciudadano al sistema de salud. Un proyecto en el que también colaboran otras entidades como la Federación de Asociaciones de Farmacias de Cataluña (Fefac) a través de su iniciativa ‘La farmacia, el corazón del barrio’.
El objetivo perseguido es salvar vidas como Franc hizo con Enrique. Pero el de la farmacia Sarrià no fue el primer caso. Ya en febrero de 2014 un hombre de 69 años se salvó en plena estación de Sants gracias a la acción de un desfibrilador portátil ubicado en la farmacia de la propia estación catalana.
Desde entonces, los desfibriladores instalados en, al menos, 121 boticas catalanas han evitado la muerte de un total de nueve personas.
“No son muchas las farmacias que disponen de estos aparatos”, afirmaba Capdevila, por ello instaba al consejero de Salud de la Generalitat a que “ponga de su mano” para facilitar la instalación de máquinas en las farmacias.






































