Sus señorías vuelven al colegio. Arranca una nueva legislatura en la que los diputados elegidos tendrán que demostrar algo más de madurez y de responsabilidad de la que mostraron en la anterior campaña. De nada servirá si las posturas continúan inmovibles y las actitudes de nuestros futuros dirigentes se parecen más a un niño con rabieta que a una persona llamada a dirigir los designios de un país. Supongo que habrán aprendido, madurado e interiorizado los conceptos necesarios para no repetir el mismo paripé. La idea de servir a un país y no a los intereses ya no del partido, sino de uno mismo, debe estar marcada a fuego. De no ser así, seguiremos bloqueados y la situación ya empezará a rozar el ridículo, sobre todo si se acaba en unas nuevas elecciones. Algo insólito y ridículo que debería conllevar una depuración de responsabilidades a un nivel superior. Tiempo al tiempo. Lo primero, analizar y entender los resultados. Lo siguiente, esperar movimientos y que rápidamente se conforme un gobierno que pueda empezar a trabajar y a tomar decisiones. Que hay mucho por hacer.
Mientras eso ocurre, la tormenta originada por la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea va a centrar la actualidad informativa, al menos en estas primeras semanas. Como es un proceso largo este de la desconexión no se sabrá hasta dentro de dos años lo que va a suponer a ciencia cierta. A corto plazo, el problema principal está en el posible efecto llamado que vaya a suponer con otros países que ya han mostrado su deseo de, al menos, consultar su salida del espacio común europeo. Tiempo al tiempo. Momento este de incertidumbre y de cierta angustia. La vieja Europa se tiene que reinventar, no hay más opción, y en ese proceso quizás se encuentren mecanismos y se acepten propuestas de cara a lograr una UE más justa, más fuerte y con una clara vocación de construir.
La idea de servir a un país y no a los intereses particulares debe estar marcada a fuego en los próximos dirigentes






































