C. S. Madrid | lunes, 20 de abril de 2015 h |

Uno de los grandes retos que tienen por delante los neurólogos especializados en la enfermedad de Pompe es investigar si existen mutaciones genéticas que permitan entender por qué en algunos casos el tratamiento deja de ser efectivo, según explica a GACETA MÉDICA Isabel Illa, directora de la Unidad de Enfermedades Neuromusculares (ENM) del Servicio de Neurología del Hospital Santa Creu i Sant Pau (HSCSP) de Barcelona y catedrática de Medicina en la UAB.

Pregunta. A modo de contextualización, ¿en qué consiste la enfermedad de Pompe?

Respuesta. Es una enfermedad rara con base genética y es herencia autosómica recesiva. El gen mutado es el que codifica la enzima alfa-glucosidasa ácida (GAA) que es la encargada de metabolizar el glucógeno, que es nuestra fuente energética. Si tenemos una deficiencia de este enzima, el glucógeno deja de metabolizarse y se deposita sobre todo en los músculos que empienzan funcionar mal y, en consecuencia, los enfermos dejan de tener fuerza.

P. Se habla de enfermedad de Pompe infantil y, aparte, juvenil y de adultos, ¿cuáles son las principales diferencias?

R. Cuando afecta a los niños es completamente distinta a la de los adultos. En los niños, lo peor es que la tengan desde el nacimiento. En este caso, no tienen fuerza, no pueden respirar bien y tienen una afectación del corazón importante. Lo cierto es que los recién nacidos pueden morir antes de cumplir el año de vida si no se administra el tratamiento. Por otro lado, en jóvenes y adultos, vemos gente con 15, 20 o 50 años y existe una gran variabilidad. Lo habitual es que en las formas del adulto se encuentre una mutación muy patogénica y la otra no tanto. La cantidad de enzima que poseen los adultos se sitúa entre el cero y el 40 por ciento.

P. En cuanto al diagnóstico, ¿cuáles son las pruebas que se deben realizar para determinar esta patología?

R. Antes, el diagnóstico se realizaba cuando los pacientes presentaban lo que nosotros considerábamos ‘el cuadro típico’ —debilidad muscular progresiva de las ‘cinturas’—, es decir, cuando las manos y los pies tienen fuerza normal pero los músculos de alrededor de la pelvis, de los muslos, de la cintura escapular, etc. están afectados. En concreto, los pacientes tienen este tipo de debilidad y, además, afectación respiratoria. Esa combinación era lo que hacía pensar en un posible diagnóstico de Pompe. El siguiente paso era una biopsia muscular donde se observaban unas vacuolas llenas de glucógeno en los músculos. Ahora, con el estudio de la cantidad de GAA y, sobre todo, con el estudio genético se confirma el diagnóstico. En esta prueba se puede ver que algunos pacientes solo tienen dolores musculares —miagias—, pero no debilidad muscular o tienen la creatinquinasa (CK) elevada —hiperCKemia—. La resonancia de los músculos y el estudio de la gota seca son las dos pruebas más importantes. Estudiando la hiperCKemia con la gota seca se ha demostrado que entre un uno y un dos por ciento, dependiendo de la población que estudies, tiene una alteración y, cuando se realiza el estudio genético, se confirma que tienen un Pompe. La pregunta es: ‘si sabes que tienen un Pompe, pero solo tienen esta analítica alterada y clínicamente no tienen nada —ni debilidad muscular, ni insuficiencia respiratoria—¿han de tratarse?’ Pues, sinceramente, no tenemos respuesta. Lo que se hace es vigilar a los pacientes, visitas cada seis meses, resonancia magnética para ver en qué situación están sus músculos, etc. No obstante, tampoco es seguro que el paciente que tenga una CK elevada vaya a desarrollar esta patología.

P. Hablemos ahora de la terapia de reemplazo enzimático (TRE) y de cómo esta mejora la calidad de vida del paciente.

R. La respuesta es variable. Se ha de poner por vena cada dos semanas, de modo que el paciente tiene que ir al hospital con frecuencia. Actualmente, se plantea si se podría administrar en casa, como ya se hace en países como Holanda o Reino Unido, dado el conocimiento que tenemos sobre los efectos secundarios y cómo paliarlos. En cuanto al efecto, hay pacientes que responden claramente y otros que no tanto, algunos se estabilizan y otros no. De todas formas, en Cataluña al menos tenemos la obligación de presentar cada determinados meses cómo es la situación de la enfermedad desde el punto de vista muscular y respiratorio. Se ha de ver si el paciente mejora y si es así no hay problema, se continúa. Si se estanca, también se continúa porque sabemos que si retiramos el tratamiento irán a peor y, en los pacientes en los que se ve que, con el tiempo, el tratamiento no es efectivo (un porcentaje pequeño), no sabemos qué pasa o por qué ha dejado de funcionar. La discusión actual nos lleva a estudiar si existe alguna mutación genética que pueda explicar por qué el fármaco deja de actuar. Lo que está claro es que en muchos pacientes el fármaco funciona muy bien. La tendencia es tratar a los pacientes cuanto antes mejor para evitar llegar a una situación de degradación muscular importante, donde las posibilidades de que el medicamento actúe ya son bajas o nulas.

P. ¿Qué iniciativas están llevando a cabo los grupos españoles?

R. Tenemos un proyecto de investigación, a nivel español, con pacientes que vienen de toda España a nuestro hospital para hacer resonancias musculares, pero evolutivas. La idea es analizar los resultados de la resonancia en los casos de pacientes asintomáticos, con la CK elevada pero sin signos de debilidad etc. Si no son normales, hay ver cómo evoluciona el paciente para saber cuándo empezar el tratamiento. Aparte, en los pacientes que vemos que los músculos están afectados lo que hacemos es cuantificar mediante escalas y programas en resonancia cómo evoluciona su afectación muscular y si van a mejor o a peor. Luego hay otro proyecto sobre las hiperCKemias, con el estudio de la gota seca, para saber cuál es el porcentaje de afectados de Pompe en España.

Enfermedad de Pompe

“El diagnóstico se confirma gracias al estudio de la cantidad de GAA y, sobre todo, con el estudio genético”