Almudena Fernández Madrid | lunes, 27 de octubre de 2014 h |

La aparición de terapias biológicas más eficaces que las existentes previamente para tratar un número amplio de patologías complicaron la elección de los profesionales al tratarse de fármacos que tienen un coste elevado y haber cada vez más pacientes susceptibles de recibir estos tratamientos.

El objetivo es conseguir el máximo beneficio para el paciente con el menor coste, sin embargo, no está claro entre los distintos medicamentos de este tipo que hay en el mercado con cuál se debe comenzar ni los que hay que aplicar después, tal y como explicó José María Álvaro-García, jefe del Servicio de Reumatología y Coordinador de la Unidad de Terapias Biológicas del Hospital Universitario La Princesa de Madrid.

Y es que la elección de uno de los fármacos “no es algo sencillo”, más teniendo en cuenta los problemas de sostenibilidad que atraviesa actualmente la sanidad española, así como las dificultades asociadas al precio de estos fármacos. “En diferentes comunidades se han establecido una serie de consejos que parecen más bien una especie de semáforo”, incidió Álvaro-García para añadir que lo que hacen las administraciones es enviar notas en diversos colores en función del precio del medicamento. Así, lo que se traslada a los profesionales es que se utilice en primer lugar el biológico más barato, después el segundo más barato y así sucesivamente.

No es la mejor solución

Sin embargo, para este experto, el uso de los tratamientos exclusivamente en función del coste “claramente no es la mejor solución” para abordar estos problemas porque es una compleja elección. A su juicio, los profesionales deberán tener criterios estrictamente clínicos, tales como el perfil del paciente, ya que las características más adecuadas de un fármaco para una persona dependen de múltiples aspectos como la existencia de comorbilidades, las características de algunos factores pronósticos de la enfermedad, etc. Como seleccionar el medicamento más adecuado es difícil, considera que lo más adecuado es que lo hagan los profesionales que conocen mejor la enfermedad y los diferentes tratamientos para ella. Agregó que esto no implica que se prescinda de la importancia del coste, ya que la elección de un biológico tiene que hacerse teniendo en cuenta además de los criterios médicos, también la búsqueda del máximo beneficio para el paciente y la “necesaria” sostenibilidad del sistema.

Precisamente la Unidad de Terapias Biológicas del Hospital Universitario La Princesa de Madrid que coordina Álvaro-García responde a la necesidad de hacer la mejor elección y que, a su vez, sea más coste-efectiva. Está formada por profesionales de todas las especialidades que manejan este tipo de medicamentos dentro del hospital en enfermedades inflamatorias crónicas: reumatología, dermatología, neurología, aparato digestivo, farmacia y documentación —una de las áreas importantes del proyecto es tratar de generar información que sea útil —, todo en estrecha relación con dirección médica. “El objetivo desde el principio fue muy sencillo: contribuir al mejor uso de las terapias biológicas en nuestro centro tratando de buscar el equilibrio entre la sostenibilidad y el máximo beneficio”, recalcó.

El objetivo final es mejorar la atención, generar información académica y contribuir a reducir costes, se trata de “ue el médico sepa lo que cuesta un tratamiento e incorpore este dato en su toma de decisión, pero no tiene que ser determinante”, apuntó Álvaro-García.

Terapias comunes

El hecho de que esta unidad esté formada por un equipo multidisciplinar es una ventaja por varias razones, una de las más significativas es el hecho de que, aunque en estas especialidades se usen terapias comunes, no se han aprobado al mismo tiempo para las diferentes enfermedades, lo que ocasiona que los profesionales puedan beneficiarse de los conocimientos de otros que llevaban años utilizando esos fármacos cuando fueron aprobados para tratar una patología diferente.

Para intentar mejorar la atención a los pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas que reciben este tipo de tratamientos, los profesionales de la unidad trabajan en la actualización de los protocolos de uso de estas terapias con pacientes con las distintas enfermedades que pueden ser abordadas con biológicos prestando especial atención a algunos factores. El primero de ellos serán las indicaciones, que no son demasiado complejas al haber sido elaboradas “de forma amplia y con gran fiabilidad” por diferentes sociedades científicas, algo que ya se ha publicado en diferentes foros.

Otro de los aspectos, en este caso más complejo, ha sido definir los resultados con objetividad. “Una de las cosas que sabemos y que hemos aprendido es que si no medimos de forma objetiva lo que hacemos el resultado es peor”, insistió el coordinador de la unidad. Añadió que esta premisa lleva a que los facultativos tengan la necesidad de definir de forma adecuada un objetivo terapéutico, y es algo complicado. El esfuerzo hecho en este sentido ha desembocado en que, aunque diferentes patologías van a utilizar diferentes objetivos terapéuticos —la psoriasis, la enfermedad inflamatoria intestinal o la esclerosis múltiple no se van a manejar igual que la artritis reumatoide—, en un momento determinado se podrá generar información en la que exista la posibilidad de incorporar un análisis comparativo de las diferentes enfermedades “en base a algo tan sencillo como si se cumple o no el objetivo terapéutico”. Lo que se ha hecho en definitiva es definir diversos objetivos de este tipo y comprobar después si se cumplen.

En todos los casos tratados con biológicos se optimiza el tratamiento, por lo que la unidad define criterios de forma que se siga manteniendo la principal ventaja de estos medicamentos, que es su eficacia, utilizando la cantidad más baja posible.

Respecto a la calidad, al no existir tampoco estándares previamente definidos, este equipo planteó como tales el cálculo del porcentaje de pacientes tratados con biológicos que tienen la indicación, que debería ser el 100 por ciento, datos objetivos de medición de la actividad de la enfermedad en cada caso concreto, y con un perfil más económico, comprobar en qué pacientes se ha incrementado la dosis —si hay más opciones terapéuticas no debería hacerse— o, al contrario, si se ha conseguido optimizar desde el punto de vista de dosis estos tratamientos e, incluso, en los que se es capaz de suspender el biológico porque el paciente esté bien.

El equipo intenta buscar el equilibrio entre la sostenibilidad y el máximo beneficio

Miden los resultados de forma objetiva, algo que hasta el momento no se estaba haciendo

Elegir los fármacos biológicos en función del coste no es la solución más apropiada para tratar pacientes