Director del gabinete López-Santiago viernes, 30 de mayo de 2014 h
La alerta roja ha saltado en la farmacia andorrana tras la reciente decisión de su Gobierno de desregular sectores profesionales y actividades liberales. Ahora, las boticas podrían caer en manos de farmacéuticos foráneos con la nueva Ley de Inversiones Extranjeras, que nace para abolir ciertas legislaciones obsoletas. Andorra es opción para los liberales que ven en la intervención de Estados una traba a su creatividad empresarial.
Cabe recordar que hablamos de un país donde los farmacéuticos autóctonos pueden abrir farmacias libremente, donde los pacientes pagan la totalidad del importe de los medicamentos (que no están sujetos a IVA), con una fiscalidad que roza el 5 por ciento, frente a más del 50 por ciento en España o Francia. Además, las EFP siguen permaneciendo en el canal farmacia y su laxa legislación sanitaria, y el fácil acceso a todo el arsenal terapéutico mundial favorece ventas por Internet. Incluso, se ha superado el “riesgo de contagio” del caso de la farmacia Lailler que generó un decreto en Francia para la venta online.
Nuestro Gabinete ha conseguido el primer permiso del Govern de Andorra para que un farmacéutico español adquiera una farmacia, lo que ha generado una inmediata respuesta por parte del Col.legi de Farmacèutics d´Andorra, basándose en la inexistencia de acuerdos de reciprocidad. Sin las elefantiásicas estructuras de los grandes Estado-Nación, las relaciones entre el Ministerio de Salud andorrano y las farmacias obvian al colegio, cuya estructura es poco más que una mesa y una silla; y su papel queda reducido al de una asociación que pueden constituir cualquier grupo de particulares. Aun así, se produce un insalvable laberinto burocrático entre residencia, autorización para adquirir una licencia de farmacia y permiso de trabajo, que se otorga mediante “cupos”.
Aunque el espíritu de la ley era avanzar hacia una liberalización de los servicios, al no estar definido su desarrollo reglamentario y no existir precedentes, se genera cierta improvisación y toma de decisiones repentina. En un país de liberalismo tan acentuado, es comprensible el interés corporativo en mantener derechos adquiridos y rentas de los establecidos.






































