Hay una notable diferencia entre aquellos debates sobre la implantación de nuevos servicios profesionales en boticas celebrados hasta hace unos meses respecto a los que se están celebrando últimamente. Los más lejanos en el tiempo se centraban en incidir sobre la importancia y beneficios que aportaría la ampliación de las funciones asistenciales de estos establecimientos, mientras que los actuales se dedican ya a analizar cuáles de estos servicios deberían ser una realidad a corto plazo.
El cambio viene propiciado porque ese mensaje lanzando por la profesión ha calado por fin en las administraciones. Tanto a nivel nacional, y prueba de ello es el reciente acuerdo firmado entre Sanidad y CGCOF que ampara la implantación de nuevos servicios, como a nivel autonómico, como es el caso del ‘catálogo de nuevos servicios’ elaborado en Madrid por la consejería de Sanidad y colegio farmacéuticos.
Iniciativas como estas permiten pasar página y no hablar tanto de la necesidad, reconocida por todas las partes, de implantarlos, sino de cuáles implantar y cómo hacerlo. Así ocurrió, por ejemplo, en una jornada organizada por la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (Sefac) el 12 de noviembre en Barcelona, en la que se analizaron servicios concretos como la cesación tabáquica, medición y control de la presión arterial, revisión del uso de la medicación (RUM) o el cribado de VIH, que fueron calificados por Agustín Rivero, director general de Cartera Básica de Servicios y Farmacia del Ministerio de Sanidad como “grandes iniciativas”. Por su parte, Jesús C. Gómez, presidente de Sefac, manifestó que “trabajarán conjuntamente” con el Consejo de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de Cataluña para que puedan ser una próxima realidad en las boticas.
Asimismo, unos días después, el 14 de noviembre, los farmacéuticos madrileños también conocían en una jornada informativa organizada por su colegio la decena de nuevos servicios a los que su consejería ha dado ya el visto bueno. Una ampliación de funciones que abarca, entre otros, la preparación de sistemas personalizados de dosificación (SPD), el control del asma, detección precoz de diabetes e hipercolesterolemia o la formación en primeros auxilios.
Pagar para valorar
Una vez que parece conseguido el objetivo inicial, los farmacéuticos se centran ahora en recordar que no basta con la mera implantación de nuevos servicios, sino que también hay que hacer viables los mismos. Una viabilidad que pasa inexorablemente por su retribución.
En este sentido, el presidente de Sefac recordó que “todo lo que no tiene un precio no se valora”. Su compañero y presidente de la delegación en Aragón de esta sociedad científica, Eduardo Satué, también apuntó que “si el servicio es bueno para el paciente se tiene que retribuir, además de servir como incentivo al profesional para prestarlo”.
Asimismo, en la jornada celebrada en Madrid, el presidente colegial, Alberto García Romero, apuntó que “los nuevos servicios deben ser retribuidos, bien sea por pacientes, administraciones, aseguradoras o modelos mixtos”. No obstante, todo parece indicar que, de concretarse estas remuneraciones, serán asumidas por los pacientes ya que, por ejemplo, el consejero de Sanidad madrileño, Javier Fernández-Lasquetty, recordó recientemente que su departamento “facilitará” la implantación de nuevos servicios pero que “en ningún caso” será el pagador.
Otro de los aspectos que quedaría por pulir sería el precio de los mismos. En el caso madrileño, el subdirector general de Ordenación de la consejería de Sanidad, José Ignacio Tejerina, confirmó que será el colegio farmacéutico quien fije los mismos, los cuales espera que “se ajusten a los precios de mercado”. Tampoco intervendrá en los criterios para obtener las acreditaciones, decisión que también recaerá en el colegio.






































