| viernes, 13 de septiembre de 2013 h |

La historia interminable que el farmacéutico de a pie no entiende, ya pertenezca al ámbito de FEFE o Fenofar, es el alargamiento sine díe de un convenio colectivo, máxime en un sector de escasa o nula conflictividad laboral, pues la oficina de farmacia cumple estructuralmente con todos los perfiles que un sindicato sueña para sus supuestos representados. Por ejemplo, el 80 por ciento de los trabajadores en oficina de farmacia son mujeres, el paro no supera el 8 por ciento y la temporalidad se sitúa solo en un 5 por ciento de los contratos.

Dándose estas circunstancias, muchos farmacéuticos se preguntan el por qué de una negociación del nuevo convenio tan dilatada en el tiempo. Dicen que “el diablo, cuando no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo” y eso creo que está ocurriendo en el bando sindical, que no tiene un discurso válido y estructurado. En primer lugar, por desconocimiento de la propia oficina de farmacia, ya que sus negociadores, en vez de ser especialistas en el ámbito farmacéutico, son profesionales de la negociación colectiva, sea cual sea el sector. Además, utilizan armas trasnochadas y que en su caso se corresponden con la negociación en ámbitos de las grandes empresas, con postulados que rayan la espesura del aburrimiento.

Desde Fenofar creemos que dilatar la negociación del XXIV convenio colectivo, asumiendo el anterior, significa empobrecer la oficina de farmacia con la misma intensidad y magnitud que lo han hecho los sucesivos reales decretos que desde el 2000 están mermando la capacidad de crecimiento de nuestras pequeñas empresas declaradas de interés público.

Por ejemplo, por culpa de esta cascada de normas legislativas el coste de personal ha pasado del 9 al 15 por ciento del volumen total de negocio de estos establecimientos. Si este 15 por ciento es admisible en empresas donde el principal coste y motor de generación de recursos lo soporta el capital humano, no es en cambio asumible en la botica.

Por otro lado, la otra patronal, la mayoritaria, parece supeditar sus intereses de funcionamiento interno a los de las farmacias que representan. Y es que, según lo manifestado, se encuentran inmersos en un proceso electoral que por ende, como ocurre mucho en nuestro sector, es endogámico, por lo que no se entiende el intento de paralización de la negociación.

Dadas esta concurrencia de circunstancias, Fenofar está en desacuerdo de dilatar en el tiempo cualquier coma que huela al anterior convenio, y reivindica la negociación de todo el articulado cuanto antes. Tenemos que quitar a la farmacia las rémoras del pasado.