Cuando se habla del sector farmacéutico se suele centrar el foco de atención tanto en la oficina de farmacia como en los laboratorios farmacéuticos. Sin embargo, esa imagen queda a todas luces incompleta si no se habla de la industria farmacéutica, un agente que tiene una importancia vital como eje vertebrador entre boticas y laboratorios y que, al igual que estos dos, sufre también las consecuencias de la crisis y los ajustes realizados por los diferentes gobiernos para tratar de controlar el denominado gasto farmacéutico.
En este sentido, hay que poner de manifiesto los esfuerzos que ha llevado a cabo este colectivo para adaptarse a la nueva situación en la que deben prestar sus servicios. Unos servicios que han tenido que evolucionar en el transcurso de los años para pasar de una mera distribución de medicamentos a convertirse en una amalgama de ofertas tanto para oficinas de farmacia como para laboratorios. Y es que, las bajadas en el precio de los medicamentos y el descenso en el número de recetas han provocado que este colectivo haya tenido que volver a reinventarse. Y deberá volver a hacerlo. Así, junto al debate sobre la necesidad de establecer un nuevo sistema de retribución que sustituya al agotado porcentaje sobre el precio de los medicamentos, la distribución ya ha hecho suya (con creces) la Guía de Buenas Prácticas emanada de Europa, como también ha comprendido que la economía de escala es el mejor paraguas para pasar la crisis. Sin embargo, en este viaje falta que se reconociese de manera explícita el derecho al suministro por parte de los laboratorios. Una necesidad, un derecho y una obligación para con este agente de la cadena del medicamento.






































