Es posible que algunos piensen que la farmacia se ha librado de un mal que le acechaba, como la polémica del artículo 88 de la Ley de Garantías en la que una interpretación errónea saltó las alarmas. Yo creo que nos hemos librado todos de las consecuencias de arruinar aún más a la farmacia, al eliminar los descuentos por pronto pago o volumen de compras de los que se beneficia la farmacia con un máximo de un 10 por ciento. Es cierto que el PP disipó las dudas: no estamos para mermar más aún las finanzas; el mercado disminuye, la demanda baja aún más y los impagos de las CC.AA siguen una senda de dudoso recorrido a corto a plazo.
Otro elemento clave es que la distribución temía que se limitara la compatibilidad del cargo en centros farmacéuticos con la oficina de farmacia. No por absurda la medida tiene menos mérito el papel de Fedifar con Antonio Abril al frente: una patronal defendiendo los intereses legítimos. Pensar que los dirigentes de las distribuidoras no pueden tener oficina de farmacia es como querer que te trate un médico que no ejerza la medicina. Los farmacéuticos que poseen oficina son los que mejor preparados están para dirigir las distribuidoras del ramo.
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