El uso de Sistemas Personalizados de Medicamentos (SPD) para el mejor cumplimiento terapéutico en pacientes polimedicados o dependientes no es ninguna novedad. Pero sí es cierto que este servicio pasa por un momento clave, con toda la profesión farmacéutica impulsando su implantación.
Por ejemplo, las boticas vascas ya trabajan con ellos dentro de un programa remunerado. También el Consejo General los ha incluido en su listado de futuribles servicios a desarrollar en el conjunto de boticas. Asimismo, el Consejo Andaluz de Colegios Farmacéuticos (Cacof) ha puesto en marcha una campaña informativa a la población. Son algunos de los ejemplos que reflejan que los SPD son una apuesta de presente pero todavía con mucho recorrido futuro.
El auge de este servicio transcurre paralelo a la evolución de los dispositivos sobre los que se sustenta, un cambio en el que han tenido una vital importancia las nuevas tecnologías. Así, los tradicionales pastilleros en los que se organizaba la medicación diaria a tomar por los pacientes están dando paso a modelos digitales con funciones añadidas que le ayudan a no olvidar dichas tomas.
En este sentido, ya existen en el mercado dispositivos electrónicos que incorporan alarmas sonoras que avisan del horario en el que consumir cada dosis (con la posibilidad de enviar un recordatorio al móvil del paciente) o mecanismos ‘inteligentes’ que registran las veces que se abre el pastillero y envían informes al farmacéutico supervisor para comprobar que las tomas se han realizado correctamente.
Control en todo el proceso
Sin embargo, las nuevas tecnologías no solo aportan ventajas en esta parte ‘final’ del SPD que sería el consumo de la medicación preparada. También son ya utilizadas para el mejor control de este proceso por el resto de agentes implicados en el SPD, como los prescriptores y los dispensadores. Por ejemplo, Personalia, empresa perteneciente al Grupo Fundosa de Fundación ONCE, ha desarrollado un sistema de seguimiento basado en códigos de barras que facilita los controles de verificación desde que se prescribe la medicación hasta su consumo.
Este sistema, de especial uso en residencias, se sustenta en un programa informático y terminales electrónicos (ver imagen) que cotejan cada una de las fases del SPD. Por su parte, el paciente porta una pulsera con un código de barras que debe coincidir con el impreso en la bolsa que contiene su medicación individualizada. Cuando el cuidador o dispensador coteja si ambos códigos coinciden, el sistema da autorización para administrar el tratamiento o bien la deniega si identifica algún problema a revisar.
“El sistema asegura la trazabilidad de todo el proceso del SPD”, indica Rafael Linares, director del área de Centros e Infraestructuras de Personalia. Otra de las bondades de la automatización del SPD es que los terminales de verificación “cuentan con alarmas luminosas que informan, al comprobar los códigos de la bolsa y pulsera, si el paciente es diabético, alérgico a determinados medicamentos o cualquier otro aspecto con incidencia en la toma de la dosis”, detalla Linares.
En el mejor cumplimiento terapéutico que persiguen los SPD, las aplicaciones para móviles también son otra herramienta de ayuda. Ya existen apps que permiten introducir el nombre del medicamento, asociar una foto del envase e incluir el número de tomas diarias y frecuencia. Una vez registrados estos datos, el teléfono emite un aviso-recordatorio cuando llega el momento de cada toma, acompañada de la foto del fármaco.






































