almudena fernández Madrid | viernes, 31 de mayo de 2013 h |

“Los fármacos innovadores entran por la puerta grande en los hospitales”. La jefa de Servicio de Farmacia del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, María Sanjurjo, está convencida de ello, y así lo indicó durante las VI Jornadas de Gestión aplicada a la Farmacia Hospitalaria, celebradas la semana pasada en Madrid bajo el patrocinio de Gilead. Eso sí, matizó que es necesario ‘hilar fino’ en el posicionamiento terapéutico que se les otorga.

En este sentido, según afirmó Sanjurjo, los gerentes no son reacios a incorporar medicamentos con una mayor eficacia o una toxicidad menor en los servicios de farmacia hospitalaria. Además, señaló que siempre que vengan con ensayos clínicos que lo demuestren, los facultativos tienen la capacidad de “presionar” para que sean incluidos. “Se habla de racionalizar, no de racionar”, precisó.

Por su parte, María Antonia Mangues, directora del Servicio de Farmacia Hospitalaria del Hospital San Pau de Barcelona, aseguró que si el análisis coste-efectividad está bien hecho y el informe es favorable, la dirección de un centro nunca ha limitado el uso de un fármaco. Además, recordó que los profesionales sanitarios intervienen activamente en el proceso de evaluación.

Por su parte, el presidente de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), José Luis Poveda, opinó que desde el Ministerio de Sanidad no se deben financiar todos los fármacos, sino únicamente los que aporten innovación. Para él, hay que desinvertir en algunos medicamentos para invertir en otras alternativas con mejor perfil de coste-efectividad, las que tengan más valor. Asimismo, apostó por dar más autonomía a los profesionales, pero también exigirles más responsabilidad. Y es que, a su juicio, “pedir un esfuerzo a los pacientes está bien, pero antes de hacerlo, debe pedírseles a las autoridades sanitarias, y luego a los profesionales”.

En esta línea, Francesc Moreu, director de un postgrado de Farmacia Hospitalaria del Instituto de Educación Continua de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, apostó por potenciar el papel de la medicina personalizada, “al reducir costes en lugar de aumentarlos”, aunque en tiempos de austeridad deban cambiar las reglas del juego compartiendo riesgos entre industria farmacéutica y administración. “Si funciona, pago, si no, no”, concluyó.

Joaquín Giráldez, coordinador de las jornadas, apuntó a que para ahorrar es esencial analizar la organización interna del SNS para evitar duplicidades que multipliquen el gasto. Por ello, propone que, especialmente en el caso de los crónicos, un médico responsable se haga cargo del paciente y coordine los tratamientos prescritos en los diferentes niveles asistenciales, algo que ahorraría y reduciría los efectos adversos y las interacciones entre fármacos.

Algoritmos valencianos

En relación con los algoritmos de decisión terapéutica impulsados por la Agencia Valenciana de Salud, Poveda afirmó que “cualquier reducción de la variabilidad debe ser positiva”, pero lamentó la falta de consenso con las sociedades científicas, que finalmente no participaron. “El algoritmo forma parte de una estructura en el modelo de decisión que tiene que ser consensuada y basada en criterios clínicos”, recalcó. Asimismo, para pacientes que necesiten que la actuación del profesional sea diferente al algoritmo, cree que tiene que existir la posibilidad de que prevalezca el criterio del sanitario a la norma.

Los facultativos tienen la capacidad de presionar para que la innovación sea incluida si lo avalan los ensayos clínicos

Si un médico coordinase todos los tratamientos prescritos a cada paciente se evitarían duplicidades y gasto