alberto cornejo Madrid | viernes, 22 de febrero de 2013 h |

Actualmente queda fuera de toda duda los múltiples beneficios sanitarios que las oficinas de farmacia, y en concreto los profesionales que en ellas ejercen, aportan a la sociedad. Sin embargo, otras cualidades históricas de los boticarios, como su cercanía a la población y la confianza que en ellos depositan los pacientes, abren la puerta a un abanico mayor de funciones y responsabilidades en el ámbito social. Los colegios farmacéuticos y las administraciones regionales se han percatado de este nuevo campo por explotar y ya ofrecen a los boticarios una oferta formativa impensable en épocas pasadas, como pueden ser la celebración de cursos formativos para aprender a identificar casos de violencia de género desde las farmacias.

¿Qué aportaciones pueden realizar las boticas en la lucha contra la lacra que supone toda violencia de género? “Son los establecimientos donde más gente entra al cabo del año, donde farmacéutico y paciente se conocen mutuamente, así como sus historias personales, y existe un clima de confianza que facilita conocer información que a veces no sabe ni el propio médico”, enumera José Antonio Burriel, abogado experto en violencia doméstica y ponente del curso que sobre esta temática ya ha organizado en diversas ocasiones el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Valencia.

Esta implicación ha tenido recientemente continuidad con la organización de un nuevo curso al respecto, en este caso en colaboración con la consejería de Sanidad y el resto de colegios farmacéuticos valencianos, con gran éxito de convocatoria. “No debemos olvidar que la violencia de género no es sólo un problema social sino también sanitario, por lo que el papel que puede jugar el farmacéutico queda fuera de toda duda”, asevera Burriel.

Pautas a seguir

En este tipo de actividad formativa se explica a los farmacéuticos qué se entiende por violencia doméstica, se describen los rasgos psicológicos de la mujer maltratada, así como los indicadores que pueden hacer sospechar al farmacéutico (hematomas, heridas, síntomas de ansiedad, depresión…), y se ofrecen una serie de pautas para atender correctamente, dentro de sus límites, a una mujer maltratada. “Hay que tener en cuenta que tan importante como ofrecer ayuda desde la farmacia es tener claro que el farmacéutico no debe extralimitarse y adelantarse a los pasos que quiera dar la víctima”, indica Burriel en alusión a la necesidad de compaginar el apoyo profesional con la intimidad y respeto que merece este problema. Un ejemplo práctico que este abogado considera “un error” sería que el farmacéutico contactase por decisión propia con el médico de familia de la víctima para poner en conocimiento este problema “sin el visto bueno de la afectada”, expone.

Asimismo, este experto recomienda que el farmacéutico conozca todos aquellos teléfonos o direcciones en los que la víctima puede recibir ayuda. Incluso, se aconseja que esta información pueda estar disponible en algún tipo de soporte (tarjeta, folletos) que permita su entrega en mano. En los cursos del colegio valenciano antes citados se repartieron entre las oficinas de farmacia más de 200.000 tarjetas con un listado de teléfonos y el 90 por ciento de las farmacias valencianas colocaron un cartel con directorios en sus escaparates.

Iniciativas de este tipo promovidas desde las boticas son loables y, por tanto, Burriel echa en falta la puesta en marcha de una campaña a nivel nacional. “Sería fantástico, y estoy seguro que aprovechar las 22.000 boticas nacionales para llevar a cabo una acción sobre el terreno sería mucho más provechoso que cualquier otra campaña publicitaria”, considera.

Otras iniciativas

Los farmacéuticos también han fijado su mirada en otros colectivos que requieren una especial empatía, como puede ser el caso de la población inmigrante. En este sentido, es habitual que los colegios farmacéuticos faciliten a sus profesionales formación específica para adaptar la atención farmacéutica a este tipo de pacientes. Una práctica que, en este caso, también debe tener en cuenta los componentes sociales y las diferencias culturales de estos colectivos, más allá de la mera asistencia sanitaria.

Por otra parte, los farmacéuticos también tienen muy en cuenta el entorno social en el que ejercen su actividad. Por ejemplo, es habitual que los farmacéuticos de Baleares amplíen sus conocimientos de idiomas para dar respuesta a la numerosa población turística que visita las boticas de la región en cualquier época del año. Sobre este aspecto, la celebración de cursos de inglés y alemán es una actividad que se ha asentado en la oferta formativa anual del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Baleares.