La formación de las nuevas generaciones de farmacéuticos marcará, en gran medida, el modelo de farmacia que emergerá en los próximos años. Sin embargo, además de la carencia de una formación empresarial, existe una demanda que los nuevos planes de estudio siguen sin reflejar: la Atención Farmacéutica. Esta práctica es una actividad asistencial que se nutre de aplicar los conocimientos junto a la experiencia práctica con pacientes.
Los expertos coinciden en que no existe una correcta implantación de docencia en Atención Farmacéutica en las facultades españolas de farmacia. “Ni los docentes de Atención Farmacéutica en España tienen dicha experiencia, ni los contenidos académicos se han orientado a formar un profesional con esas competencias”, explica Manuel Machuca, presidente de la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (Sedof), quien además denuncia que “en las facultades de Farmacia hay una ausencia de visión de cuál es la misión del farmacéutico en la actualidad, además de no establecer un modelo de formación para dar respuesta a las necesidades de la sociedad respecto de los farmacéuticos”.
En este sentido, Eduardo Luis Mariño, catedrático de Farmacia Galénica en la Universidad de Barcelona y director de la Unidad de Farmacia Clínica y Farmacoterapia, coincide con Machuca al alertar de que “estamos ante una segunda buena oportunidad desaprovechada”. Asimismo, Mariño anunció que “si bien el Plan Bolonia facilitaba la implantación de asignaturas de Atención Farmacéutica, la implantación real solo se ha visto en unas cuatro universidades de toda España”.
De hecho, el Plan Bolonia nació con la intención de profesionalizar la universidad y forzar a que los planes de estudio reflejasen las necesidades posteriores de cada disciplina, pero Machuca alertó de que no ha existido una correspondencia real. “El Plan Bolonia podría haber servido para la implantación de la Atención Farmacéutica y las facultades españolas se las han ingeniado para que sea justo lo contrario. Haber tenido un grado más corto y un máster más orientado a las diferentes necesidades y opciones de ejercer la profesión farmacéutica hubiera permitido que todos hubieran ganado”, aseguró.
Una de las razones por las cuáles las recomendaciones del Plan Bolonia no han llegado a buen puerto, en opinión de Mariño, es que “la universidad vive en un aislamiento que debería romperse”. En este sentido, recomendó “una interrelación de manera que el profesorado tuvieran una actividad clínica asistencial a la vez que los profesionales asistenciales tuvieran una gran importancia en la docencia”.
La falta de visión que denuncia Mariño es compartida por Machuca, hasta el punto de afirmar que “las facultades del siglo XXI están formando farmacéuticos del siglo XIX y lo que hacen es repartirse el poder entre los departamentos a espaldas a la profesión”. En su opinión, lo que le ha ocurrido a la Atención Farmacéutica en relación a su implantación ha sido que “engañado al Plan Bolonia para seguir haciendo lo mismo de siempre, con lo que supone de distanciamiento a los farmacéuticos asistenciales del resto de Europa en formación y cultura profesional”.
Una solución cortoplacista para enmendar la situación hasta una solución bien integrada sería, según ambos expertos “el modelo de máster, acortando el grado, para que hubiera una investigación acorde y coherente a esa especialización”.






































