| viernes, 18 de enero de 2013 h |

El PP ha vivido años en la inopia dentro del mundo sanitario, y así le va ahora. Mientras lanzaba mensajes sesudos sobre complejas reformas, a cuestionar correctamente, eso sí, la bancarrota hacia la que se encaminaba el sistema, y a practicar el ‘buenismo’ dentro del sector, el PSOE aprovechaba sus años de poder central y de oposición permanente en feudos como Madrid para tejer una red de aliados que ahora le es vital. Fruto de esta labor, consistente en ganar adeptos, granjearse silencios cómplices y labrarse amistades a veces hasta interesadas, fue la conquista lenta y callada de organizaciones sociales y médicas, sociedades científicas y colegios profesionales. Donde mandaba un presidente conservador o una junta aparentemente crítica con el poder socialista se producía lentamente la revolución. Primero caía un personaje molesto, luego otro y, más tarde, los demás. Una vez fagocitado, el ente callaba de forma elocuente ante la situación de quiebra en la que se encontraba la Sanidad, daba su aquiescencia implícita o explícita a decisiones polémicas, como la de la liberalización de la píldora, y lanzaba a los cuatro vientos el mensaje de la preocupación por la súbita e inminente privatización sanitaria. La táctica de la expansión constante fue intensiva en la atención primaria y en algunos hospitales. En favor del PSOE jugaba la bisoñez del PP, incapaz de formar una cantera de gerentes afines como la que construyó el PSOE desde la Escuela Nacional de Sanidad y desde la Escuela Andaluza de Salud Pública.

A su llegada al poder en muchas autonomías y en el Ejecutivo central, el PP se encontró sin apenas expertos en sus filas o solo con teóricos sin experiencia o allegados con conocimientos prácticos pero sin formación específica para llevar las riendas de hospitales, gerencias de primaria o puestos clave de libre designación. El mismo José Ignacio Echániz, responsable de la Sanidad del PP a nivel de partido, tuvo que echar mano para formar su equipo en Castilla-La Mancha de viejos conocidos que, o bien habían trabajado en Moncloa para el propio José Luis Rodríguez Zapatero, o bien habían regido hospitales bajo gobiernos del PSOE. En Madrid sucedió otro tanto. Hubo incluso momentos en que los socialistas sabían el argumentario que iba a esgrimir el consejero de turno en la asamblea antes de que este lo tuviera en sus manos. Todo este proceso es clave para comprender las razones reales de una movilización profesional que se produce en la capital y que, en breve, se expandirá por toda España. El PP gobierna la Sanidad, pero no controla a los que deciden sus designios. El PSOE, sí. Y por eso le es mucho más fácil liderar las protestas y agitar los centros, con la ayuda inestimable de los sindicatos de clase y, últimamente, también de los sindicatos profesionales. No son ajenos a este fenómeno la amenaza de dimisión de los gerentes de atención primaria contra los planes de Javier Fernández-Lasquetty e Ignacio González, ni las protestas aparentemente profesionales que se han vivido en varias autonomías en los momentos previos a las elecciones, como sucedió en Galicia.

“El PP gobierna la Sanidad, pero no controla a los que deciden sus designios. El PSOE, sí”

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